Quizás haya sido la intervención urbana más importante en la ciudad durante las últimas tres o cuatro décadas. Sin dudas la más espectacular de la historia marplatense por la técnica aplicada, los vaivenes para llegar a esa elección y complicaciones que hasta último momento impedían activar el detonador.

A las 4.27 del 16 de junio de 1999 la orden llegó firme y ya sin marcha atrás. Una sirena quebró el silencio de aquella madrugada en el microcentro y enseguida la repetición de estallidos. A la distancia sonaban como tablas que parten una tras otra, sonidos propias de la serie de explosivos que convirtieron en polvo el edificio que seguía en pie en la esquina de Moreno y la costa, en la Manzana 115, frente al Casino Central. Pasaron 20 años de aquel hito.

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Casi un minuto permaneció en el aire una nube de polvo que impedía confirmar si el plan había salido tal como se esperaba. Y sí, poco a poco se pudo ver despejada la postal y sobre el piso una literal montaña de escombros. Los militares encargados de la misión, los funcionarios que la impulsaron, todos aplaudieron y se abrazaron.

Los vecinos de la zona fueron únicos testigos de lo que debía haber sido –y así se había previsto- un espectáculo abierto a la comunidad. Es que la fecha original para la demolición estaba fijada para días previos, entre mediodía y tarde. Pero una manifestación de trabajadores del puerto, que sobrellevaban un conflicto sectorial, aprovechó la presencia de cámaras para exponer allí su protesta. El resultado fue la suspensión de todo lo programado.

El ingeniero José María Conte, entonces director de Vialidad y a cargo de la planificación municipal de esta obra, siguió en Telediario las imágenes de aquellos días. Desde las pruebas que se hicieron con el Ejército hasta la noche en que todo tuvo el final esperado. “Teníamos hoteles de siete pisos, pero desde el punto de vista técnico fue maravilloso”. No hubo nada que lamentar. “Ni un vidrio se rompió”, resaltó.

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La elección de un horario tan poco habitual tuvo que ver con evitar que hubieran nuevas sorpresas, entendidas estas como otras manifestaciones que pudieran interrumpir un plan que estaba listo, con los especialistas del Ejército Argentino listos para dar la puntada final.

Valoró el ex funcionario la transformación de ese espacio en un conjunto urbano con buena presencia de verde y convertido ya en un paseo que disfrutan los turistas con mucho placer. Para llegar hasta esa instancia se siguió un largo proceso con apoyo del gobierno provincial.

Esa Manzana 115, donde convivían edificios de departamentos, hoteles, locales e incluso la sede del Ente Municipal de Turismo, fue expropiada para poder despejar el área y anexarla como prolongación llana de la Plaza Colón.Se indemnizó a todos los propietarios para tomar posesión plena del lugar.

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La obra se comenzó con demolición tradicional, con desarme primero de todas las aberturas y luego a maza, hasta dejar solo el esqueleto de cada una de las edificaciones de mayor envergadura. Una opción era tirarlas abajo con la “pera”, una bola metálica que se desplaza desde una grúa a modo de látigo. Pero la implosión fue recomendada a Conte por un experto cubano en este tipo de acciones.

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