Reabrieron las puertas, volvieron los clientes, mejoraron las ventas y, los más importante en estos tiempos, se sumó personal. Tras el largo período de lucha, que significó también la pérdida de decenas de empleos en la empresa, los trabajadores de Confiterías Boston cumplieron sus primeros dos meses de virtual autogestión con óptimos resultados.

En el local de calle Buenos Aires entre Belgrano y Moreno, que permaneció ocupado durante casi un año por empleados que se negaban a abandonar el lugar en un contexto de salarios adeudados y plan de ajuste de los últimos dueños de la tradicional marca, ahora se trabaja a ritmo intenso.

Las emblemáticas medialunas salen de a docenas y los reconocidos “borrachitos” viajan como souvenires que los turistas eligen para llevar al regreso del viaje como un recuerdo bien identificado con Mar del Plata.

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“Desde la reapertura ya somos dos más los incorporados, a ritmo de uno por mes”, cuenta Lucía Acuña, delegada gremial del personal que depende de la Unión de Trabajadores Hoteleros y Gastronómicos (Uthgra) de la República Argentina. Es una de las que se sumó con el local de nuevo en actividad.

El desafío ahora es que a la brevedad, ya camino hacia el auspicioso horizonte que siempre es una temporada de verano, se puedan calzar pronto el uniforme otros tres compañeros para completar el staff original de 11 empleados. “Hay algo de trabajo y eso ayuda mucho”, destaca Acuña. En un año durísimo, este julio trajo buena dosis de turismo con el fin de semana largo a principios de mes y estas vacaciones de invierno que sin ser gran cosa resultaron para la ciudad algo mejor de lo que se esperaba.

El objetivo pendiente para Confitería Boston es poder contar de nuevo con servicio de gas. Está cortado el suministro, hay que saldar esa cuenta y adecuar instalaciones para poder contar de nuevo con todo lo necesario para devolverle actividad a la cocina.

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Confitería Boston es un clásico de la ciudad que nació en 1958. Hace tres años su dueño vendió la empresa a los hermanos Juan Manuel y Pablo Lotero, que asociados a un inversor austríaco prometían un plan de expansión que incluía instalarse en el Parque Industrial, exportar producción e incorporar personal.

Aquel anuncio derivó en lo que los empleados denunciaron como “vaciamiento” de la firma. El resultado final fue de 80 despidos, cierre y venta de tres sucursales y deudas por salarios. Una resolución de la jueza Civil y Comercial Patricia Gunsberg desplazó a los dueños de la conducción y, síndicos de por medio, confió a los empleados la reapertura de los locales: en Avenida Constitución, donde además está la planta elaboradora, y frente al Casino Central. En el resultado de su administración los propios trabajadores se juegan su suerte a futuro.

Hoy no solo se han reencontrado con sus puestos –la mayoría tiene más de una década de antigüedad- sino también con eso tan extraño que fue durante algo más de un año, que fue cobrar los salarios en tiempo y forma. “Estamos todos con un básico”, explican. Es que a la par también hay que comprar insumos y pagar deudas a proveedores.

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