Casi a medianoche la perra Alaia, una cachorra de siete meses, se había escapado de su casa y caminó hacia la esquina. Michele Valdez, su dueña, escuchó un estruendo y salió a ver qué ocurría. En la esquina encontró a su mascota, baleada en la cabeza y ya sin vida.

Recién al otro día pudo confirmar quién había sido el autor del disparo: un vecino que vive justo frente de donde el animal quedó tendido en el piso.

“Es un tipo que tenía ganas de matar, porque mi perra no molestaba y siempre andaba con correa”, dijo a Ahora Mar del Plata al explicar el doloroso momento que está viviendo con su familia, en su casa del barrio San Jacinto, en la zona sur de la ciudad.

Michelle hizo con su padre la correspondiente denuncia policial en el destacamento de la zona. “No nos la querían tomar”, resaltó. Allí pudieron dejar constancia de a quién acusan.

Según le comentaron otros vecinos y una familiar, el hombre que fusiló a su perra había manifestado su malestar porque cría gallinas y algunos perros de la zona ingresan a molestar a sus animales.

“Él mata a sus gallinas y acostumbra colgarlas en la puerta de su casa”, destacó la joven en su relato. “Nos terminamos de dar cuenta que fue él porque nos apareció una de esas gallinas en nuestra casa, tirada sobre el parque”, dijo sobre lo que consideró un mensaje directo en respuesta a la denuncia que realizaron.

Recordó que su mascota siempre estaba dentro de su domicilio y que no molestaba a nadie. “Ante quien se acercaba solo se tiraba panza arriba para que la acaricien”, comentó. En medio de este dolor, espera que se tome alguna medida con quien la asesinó. “No es posible que se mate por matar”, insistió.

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