Tantas veces cuestionados los dirigentes por sólo evaluar en función de un resultado, en Aldosivi le pidieron la renuncia a Walter Perazzo con el equipo a cuatro puntos del puntero de la Primera B Nacional y a falta de 17 fechas para el final del torneo. Ante la primera racha adversa, con un funcionamiento en declive, la decisión fue cambiar al técnico.

Perazzo llegó en mayo, cuando Aldosivi tenía otras necesidades. Con un equipo que se hundía, la dirigencia intentó evitar el descenso con un entrenador de perfil conservador, todo lo opuesto a Darío Franco. El equipo pasó de intentar jugar con la pelota en su poder a dejarle la pelota al rival y achicar espacios hacia atrás. La nueva estrategia no derivó en una mejoría defensiva (salvo el golpe de efecto inicial), no consiguió puntos (4 derrotas, 2 empates y 1 derrota) ni evitó el descenso. El objetivo siguiente fue totalmente opuesto: volver rápido a la elite, con un plantel con nombres importantes para la categoría. Había que jugar para campeón con el mismo entrenador, que ya había logrado el retorno inmediato con Olimpo en 2013.

Tener recursos para elaborar y crear situaciones de gol es un rasgo que debe exhibir todo equipo que pretenda ser protagonista de un torneo. Y Aldosivi, salvo dos o tres premisas elementales, nunca exhibió un nivel de juego a la altura de un candidato. Con una disposición rígida (4-4-2), se paró de tres cuartos a tres cuartos, apostó a recuperar en el mediocampo y se recostó en el oficio de sus delanteros para generar situaciones de riesgo. Nunca intentó construir desde la salida y tampoco las alineaciones elegidas propiciaron la aparición de circuitos de juego. Como indica la lógica, Somoza y Brum, dos recuperadores juntos en el eje, no fueron socios para “Pitu” González, aislado en la banda izquierda, imposibilitado de juntarse con Villar u Orfano, generalmente recostados por la otra banda.

La capacidad de resolución de Fernando Telechea disimuló las carencias de Aldosivi en las primeras 6 fechas. Ya sin Perazzo, mientras Carlos Orsi se desempeña como interino, la dirigencia tiene en sus manos la posibilidad de elegir un entrenador que responda al perfil que necesita el equipo, obligado a protagonizar los partidos desde la posesión de la pelota. Resultados al margen (nadie puede asegurarlos), la propuesta del equipo debe ser más ambiciosa que la mostrada en el inicio del torneo.

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