Mientras avanza con pasos concretos en el ambicioso proyecto de una academia para futbolistas de Mar del Plata, en la que propone combinar el fútbol de potrero con el fútbol de elite, Facundo Alvanezzi, reconocido formador de jugadores con paso por Cadetes y Aldosivi y una larga trayectoria en Basilea de Suiza, reflexiona sobre la importancia de la competencia en infantiles y juveniles. Una cuestión que, como tantas otras, se ve relegada durante la pandemia.

Mientras en Mar del Plata los equipos se mantienen entrenando pero sin jugar partidos oficiales, Alvanezzi pone en valor la forma de reproducir el fútbol de barrio en ejercicios que estimulen la creatividad del futbolista. "Yo me crié en un potrero en Bragado, donde la competencia normal era el famoso barrio contra barrio o entre amigos, porque la realidad era que no teníamos acceso a los clubes que eran pagos. Te estoy hablando del año 78 o 79. No existían las divisiones inferiores en mi pueblo, entonces la competencia genuina la teníamos entre los chicos de los barrios cuando nos juntábamos y jugábamos con gente grande", le dijo a Ahora Mar del Plata.

"El juego nos llevaba a un nivel de competencia exquisito, porque aprendías del más grande, del más chico, del más rápido, del más hábil, del más fuerte. Había que tener mucho coraje para jugar contra gente mucho mayor que vos, mucho más experimentada, lo que después te llevaba, cuando ingresabas a un club, a la competencia real", indicó Alvanezzi.

Alvanezzi, con pasado como futbolista en distintos equipos del país y de Europa, se refirió al desarrollo que provoca en el jugador el fútbol informal, en el que el entrenador interviene menos que en otros ejercicios más dirigidos. "Aún en la competencia real, y esto me pasó hasta los últimos días que jugué a nivel profesional, extrañaba la competencia del barrio. Porque todo lo que me enseñó la competencia de la calle, la del barrio y la del potrero, no me lo enseñó nadie. No me lo enseñó ningún formador, ningún entrenador de primera línea, que los tuve. Porque el potrero en sí te desarrolla el instinto, te desarrolla la parte cultural sin darte cuenta. Al no tener maestros, al no tener formadores, nosotros copiábamos a los más grandes, a los más chicos, a los más talentosos. Era la ley del más fuerte contra el más débil, donde triunfaba el más habilidoso", explicó.

"Yo no soy una persona que se vuelve loca por la competencia en sí, siempre y cuando la competencia exista en el club. Porque si vos en un club hacés un cinco contra cinco, un cuatro contra cuatro o un tres contra tres, ahí ya estás compitiendo en el verdadero sentido de la competencia, en cuanto al núcleo formativo, porque vas a sacar muchísimas conclusiones de ese cinco contra cinco más dos, o siete contra siete. Y no necesariamente sacás las mismas conclusiones el día del partido, donde hay otro tipo de intereses", agregó.

Para Alvanezzi, competir es "evolucionar, aprender constantemente, aprender intelectualmente a leer el partido". En ese sentido, puso en relieve la importancia de la formación académica del futbolista: "Hay que desarrollar el intelecto en la primaria, en la secundaria, para que el jugador tenga una apertura muchísimo más grande. Hoy en día, si tienen eso, pueden jugar con otra identidad".

-Pablo Aimar, hace muy poco, habló de la importancia de la creatividad que el futbolista desarrollaba en la época en la que se jugaba más en la calle. ¿Qué valor le das a esa creatividad?

-Los estímulos creativos son elementales en todos los aspectos de la vida. Si no tenemos un espectro creativo muy importante de desarrollo, de sueños, de progreso, de sueños locos de alcanzar alguna meta, como ser escritor, médico, abogado, futbolista o lo que sea... La creatividad primero se desarrolla. Hoy en día, esa creatividad se ve coartada por un montón de cosas. Llamale juego de posición, de posesión, los aditamentos tácticos, estratégicos. Encasillamos tanto al futbolista, que el futbolista creativo queda encuadrado en un ámbito donde no puede desarrollar sus cualidades, fundamentalmente técnicas, intelectuales, emocionales, donde el aspecto cognitivo es muy importante a la hora de poder jugar y poder crear. Yo sigo valorando muchísimo el error, porque el error forma parte de la creatividad. Cuando uno está creando, está propenso al error. Es decir, intento diez veces y me equivoco nueve, pero a lo mejor en la décima paso. Paso a un rival que es más grande que yo, que es más veloz. Estoy desarrollando una habilidad que a lo mejor mi oponente directo no tiene. Pero si yo como formador le digo al jugador que tiene que seguir intentando y seguir probando, lo estoy estimulando desde edades tempranas a que intente más allá del error. Comparto plenamente lo que dice Pablo Aimar.

-Esas cuestiones forman parte de la esencia del jugador argentino...

-A mí me gusta un fútbol técnico, un fútbol depurado, de gambeta. Hoy no vemos gambetas, lo que en Europa llaman el dribbling. Tenemos que recuperar la esencia del jugador que gambetea, del desfachatado. Si recuperamos nuestros aspectos de habilidad y creatividad, vamos a estar por encima de los aspectos físicos, del correr sin tiempo, sin distancia, sin medida. A veces corro y no sé por qué corro. No se ven muchos gambeteadores y, cuando se ve a un jugador de esa característica, se lo condiciona para que no intente. Si yo tengo esos jugadores creativos, si son todos jugadores técnicos, yo los pongo en la cancha para que ellos se muestren, más allá del error, porque van a hacer un fútbol mejorado, un fútbol de calle llevado al fútbol de elite.

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