Una localía inexpugnable, un plantel de experiencia y jerarquía y una identidad marcada de juego fueron las bases sobre las que Alvarado construyó el ascenso que esperó toda su vida.El equipo marplatense jugará la próxima temporada en la Primera B Nacional y se sacó la espina de la final perdida ante Arsenal de Sarandí en 1992.

En el Minella, Alvarado armó una fortaleza. De los 17 partidos que disputó, ganó 11 y empató 6.En el estadio mundialista impuso condiciones a partir de una presión coordinada en campo rival y exhibió un fútbol dinámico. El entrenador, Mauricio Giganti, tuvo el mérito de darle identidad a un equipo nuevo, tras la profunda renovación que hubo en el plantel luego de la campaña anterior, en la que el “Torito” había llegado a cuartos de final.

No obstante, sería injusto pasar por alto que este equipo tuvo muy buenas actuaciones fuera de casa. Ganó en Cipolletti, en General Roca, en Madryn, en General Pico y en Viedma. Además, en los playoffs no perdió nunca. Cosechó tres empates de visitante, que le dejaron la mesa servida para definir ante su gente.

En el juego, el entrenador se basó en un sistema 4-2-3-1, que apuntaló con un muy buen arquero como Matías Degrá, con centrales de experiencia (la dupla Martín Quiles y Diego Herner dio sobradas muestras de solvencia), con un “relojito” como Roberto Bochiy con mediocampistas con juego y llegada como Rodrigo Depetris y Gaspar Gentile, claves con 7 goles cada uno. También tuvo laterales correctos como Emanuel Urquiza y Fernando Ponce, mientras que el desequilibrio por las bandas lo encontró en Julián Bonetto y en Francisco Molina. Le costó encontrar regularidad en el “9”, aunque Emiliano López resultó el goleador (8) y fue determinante con el gol del ascenso.

Alvarado también tuvo fortaleza mental, para levantarse del golpe sufrido como local ante Villa Mitre en el Minella. El equipo vivió su peor momento en la temporada cuando los bahienses le empataron en el descuento en el Octogonal. Con Giganti cuestionado, el plantel aprovechó los resultados del resto y no dejó pasar la oportunidad de levantarse. Y pese a que la ilusión en el Pentagonal se desinfló rápido, el equipo se mantuvo competitivo y logró una posición que le permitió definir de local en los playoffs.

Con la ventaja de cancha en los tres cruces, Alvarado no perdonó. Se agrandó y noqueó. Sol de Mayo, Deportivo Madryn y San Jorge no le pudieron sostener el ritmo. Merecido festejo para un club que tuvo la virtud de perseverar para lograr un objetivo esperado durante muchos años.

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