Los empates de visitante son ideales para la denominada “media inglesa”, que celebra volver a casa al menos con uno de los puntos en juego. Como este sábado, con la igualdad en cero ante Temperley. En esa mitad del plan Alvarado cumple. Ahora le queda pendiente lo más importante de aquella estrategia: sumar y ganar de local. Después de dos derrotas consecutivas en el José María Minella, en una semana tendrá su nueva oportunidad, esta vez ante Platense.

Sacó rédito y quedó conforme el equipo de Juan Pablo Pumpido, el entrenador que planteó un partido como para que no le marquen y esperar la oportunidad para dar una sorpresa.

En defensa se cumplió y faltó esa pizca de audacia, también algo de puntería, para ir a buscar algo más. Como cuando Gonzalo Lucero quedó mano a mano con el arquero, que terminó ganando el duelo al desviar el balón sobre el primer palo. Esas chances luego se lamentan, y mucho. Como se celebran lo que no fue más que un susto, como el remate de Vega que dio en el poste del arco defendido por Degrá.

Obligado por su público, el local fue por más en el complemento. Sin demasiada claridad pero sí con sus líneas diez metros más adelante que en el período inicial. El encuentro se hizo entonces más disputado, con roces y pocos espacios. El buen juego nunca anduvo por el Sur.

Pumpido buscó siempre –y lo logró en buena medida- tener un equipo corto, con muy poca distancia entre defensores y delanteros, que jugaron su carta importante con una presión alta. Así se pudo diluir cada intento de Temperley. Siempre que pisó el área fue sin mucho margen para resolver con comodidad.

Más de cien hinchas de Alvarado viajaron para seguir a sus jugadores. Cantaron durante todo el encuentro y celebraron este empate como una victoria. El próximo paso será en el Mundialista. Otra oportunidad, la tercera, para sumar de a tres. Ya es hora.

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