La paciencia está encontrando límites milimétricos. “Esto es la guerra”, se escucha la voz de un comerciante mientras graba un operativo policial para ordenar el cierre de un local gastronómico que, como había ocurrido durante el resto de la jornada en distintos puntos de la ciudad, se lanzaron a atender a sus clientes en la calle aun cuando es un servicio que no está permitido al rubro.

Los uniformados dispararon la reacción de empresarios que hace tiempo advierten que la situación que afrontan ya no se puede soportar, con costos altísimos y la imposibilidad de facturar más allá de la alternativa abierta –que no todos tienen- del delivery o el take away, o comprar para llevar.

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La tensión viene en aumento hace tiempo y quedó plasmada esta noche de sábado en la esquina de Alsina y Garay, donde el cruce entre los efectivos y los comerciantes a punto estuvo de terminar en algo más grave. "A partir del lunes vamos a abrir todos los boliches de Mar del Plata", advierte a gritos quien registra en imágenes toda la secuencia.

Los cuestionamientos a los agentes se multiplicaron, por momentos a los gritos, siempre con voces cargadas de bronca. “Estamos desesperados”, grita uno de los dueños de Estación Central, blanco de este operativo que expone lo que se puede venir en lo inmediato. Ya hay avisos de aperturas a granel a partir de esta próxima semana, aunque la continuidad en Fase 3 mantenga la restricción para la gastronomía de mesa. Mucho más para la de salón, puertas adentro.

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La bronca de los comerciantes del ramo creció hace tres semanas, cuando el incremento de casos llevó al municipio a restringir actividades ente las cuales y en buena medida quedó afectada la gastronomía. Y se agigantó en vísperas de este fin de semana, cuando Capital Federal –todavía con alto nivel de contagios- no solo permitió apertura de restaurantes al aire libre sino que acaba de sumar la autorización para servir en terrazas y patios interiores.

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La comuna había planteado a la gobernación la posibilidad de habiliar la gastronomía a cielo abierto, al menos como una ayuda para la economía del sector. También que el comercio no esencial pueda recibir al menos un cliente a la vez puertas adentro. Todo fue rechazado. Solo se habilitó el tercer pedido, que es el de la construcción privada. Industria que también había desafiado a las normas y reanudó tareas a partir de una decisión de la Uocra que tuvo apoyo de las empresas del ramo.

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