Nicolás Antoniucci

En Mar del Plata los árboles tiemblan. Y no es el frío ni el viento los que los hace temblar. Es la mano del hombre que empuña serrucho ante el abandono de funciones del estado municipal en el área de arbolado urbano. Pero como digo siempre, no es la maldad el origen del terror; es la ignorancia. El estado puede darse el lujo de mirar para otro lado cuando son los contribuyentes los que no le reclaman. Pero en materia ecológica el mundo cambió y los marplatenses estamos en eso también. Y ustedes, queridos lectores, van a ser esenciales colaboradores en esta meta. El prejuicio sobre las especies a utilizar y la falta de información completa y de calidad nos puede llevar por el camino del error.

La ignorancia primero se nutre de los mitos, de falsas verdades y realidades relativas. Siempre hay una verdad detrás de una mentira y la cosa no elude a la materia forestal urbana. El primer mito que hay que derribar es que los árboles altos son peligrosos. La verdad detrás del mito es que un árbol alto, si se cae, puede dañar una propiedad. Y que a mayor altura; mayor es la resistencia al viento. La realidad que envuelve a un árbol de este porte es que necesariamente debe ser alto, ya que su copa no puede obstruir el alumbrado público ni las fachadas de las casas y comercios. En especial las ciudades argentinas, que todavía tienen sus servicios eléctricos, telefónicos y de video por cable en desagradables y peligrosos postes aéreos, necesitan sí o sí que los árboles desarrollen en altura sus copas. Porque de lo contrario éstas se enredan en los servicios provocando roturas y complicaciones. Por otro lado, un árbol con copa baja no cumple su función de árbol, que es dar oxígeno, refrigerar el aire, absorber polvo y hollín en suspensión y proteger el pavimento.

Aquí damos lugar al segundo mito: los árboles rompen las calles. Si bien es cierto esto, a continuación voy a explicar cómo los árboles realmente lo que hacen es proteger los pavimentos, pero primero vamos al mito. Este tiene una razón de ser: un mal comienzo inevitablemente desemboca en un mal final, al menos en materia forestal. La gran mayoría de los árboles adultos de la ciudad fueron plantados entre la década del 30 y del 40 por los intendentes a través de donaciones recibidas de los viveros municipales de la Ciudad de La Plata. Esos árboles fueron simplemente enterrados y con un decreto que obligaba al frentista a cuidarlo terminó todo. La falta de riego hace que las raíces busquen humedad en la superficie, eso genera raíces extensas y poco profundas lo que deriva en rotura de solados, pavimentos y en un mal anclaje quedando expuestos a las caídas por el viento. Ni hablar que una raíz poco profunda debe ser cortada por el zanjeo cada vez que se realiza una obra de servicios urbanos, como cloacas, gas y, tal vez, teléfono, tv y electricidad. La realidad es que los primeros años de cultivo de un árbol son fundamentales y fundacionales. Es fundamental que la planta reciba riegos profundos para que sus raíces encuentren humedad debajo del perfil de tierra negra, así buscan la profundidad y se concreta una buena fundación radicular, con raíces bien ancladas. Raíces profundas no rompen las veredas ni se caen. En la mayoría de las ciudades europeas el arbolado está compuesto por las mismas especies que acá: tilos, plátanos, fresnos, arces encontramos entre las mejores especies forestales urbanas y no tenemos noticias de que se caen. La explicación recae en una excelente gestión de arbolado público desde la elección de la especie, su plantación y cuidados posteriores hasta la adultez. El estado vela por sus árboles, los podan para que no embolsen viento de más ni sus ramas molesten a la vida urbana, los protegen de pestes y previenen enfermedades inoculadas por las plagas.

La realidad es que un buen arbolado urbano tiene ejemplares con un buen desarrollo foliar, es decir, copas que se abrazan entre sí y en algunos casos con los de la mano de enfrente. Esto genera, además de un excelente entorno para las personas y la fauna aviar de las ciudades, un tejido verde que protege las calles de las altas temperaturas del verano, evitando la fractura del hormigón por expansión. En Los Ángeles la posibilidad de tener un arbolado urbano de calidad es limitada por el clima desértico de esa parte de California y tienen que gastar millonadas de dólares para proteger los pavimentos con pinturas especiales antitérmicas. La refracción del sol no solo rompe los pavimentos sino que también genera islas de calor por la radiación de temperatura, elevando el consumo energético por los aires acondicionados.

Por último, derribo el mito de las copas perennes. Los frentistas muchas veces plantan especies con hoja todo el año porque les apena que se les caigan las hojas o no quieren barrer las veredas o que se les tapen las canaletas. La realidad es que es las especies con follaje en invierno evitan el paso del sol al suelo y esto es sumamente necesario por la sanidad del ambiente. La sombra en invierno no deja secar la humedad, la cual, al persistir, genera hongos y enfermedades en el suelo y en los animales (incluidos nosotros). Por otro lado en invierno, al contrario que en el verano, buscamos el sol y el calor, el cual estas plantas evaden produciendo efectos de sensación térmica negativa. Lo podemos comprobar en invierno en barrios como Bosque Peralta Ramos o en localidades como Cariló y Mar de las Pampas, por dar ejemplos importantes. Para ganar hay que perder. Con un arbolado caduco ganamos mucho más de lo que perdemos, que en definitiva es solo barrer y destapar canaletas durante mayo. “Perder” un mes para ganar todo el año.

La realidad es que es un tema que excede al esfuerzo individual que pueda dar un vecino. Porque los frentistas se pueden ocupar de manera unilatera y el tema debe ser abordado de manera global. Pero esto no va a cambiar en lo pronto y si sos un frentista con problemas de arbolado te voy a dar algunos consejos:

- Si tu árbol te ocasiona problemas:

o Los árboles grandes dan valor inmobiliario a tu barrio, no afectes el capital de tus vecinos ni el tuyo propio. Sacar un árbol es carísimo y arreglar el problema es mucho más barato y mejor.

o Roturas por raíces superficiales: podés podarlas y encamizarlas para inducirlas hacia lo profundo de la tierra. No lo saques, no pierdas años de vida por miedo. El problema se soluciona así en las ciudades bien gestionadas.

o Copas altas: se podan las ramas que dan volumen interno, nunca se cortan las que le dan silueta al árbol. Contratá siempre podadores matriculados con experiencia y no los quieras dirigir, ellos saben hacer bien el trabajo. Lo importante es desventar la copa para reducir la capacidad vélica (de vela) y eso no se logra reduciendo la altura sino entresacando ramas para que el viento filtre.

o Sanidad: los árboles se enferman muchas veces por malas podas, que dejan lastimaduras por desgarre permitiendo el ingreso de enfermedades. Exigí a tu podador cortes limpios y al ras de la rama principal para conseguir una buena cicatrización.

o Si tenés que plantar: elegí plantas de hoja caduca y desarrollo alto, para que en el futuro no choquen con las luminarias del alumbrado público y los carteles de la ciudad. Asesorate según el lugar geográfico de la ciudad, porque no todas las especies resisten el frío y/o la salinidad de la brisa marina.

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