En apenas seis meses, pasó de ser un desconocido para los argentinos a uno de los tres arqueros elegidos para ir al Mundial de Rusia. Y en sólo un par de horas dejó de ser uno más del plantel a un serio candidato a ocupar el arco, el 16 de junio, en el debut ante Islandia. Sí, desde que llegó a River y, más tarde, luego de la lesión de Sergio Romero, la vida de Franco Armani dio un gran vuelco.

Si bien todavía nadie sabe cuál será la decisión final de Jorge Sampaoli, el arquero ya comenzó a ilusionarse en grande. Y no disimuló su felicidad a menos de 24 horas de sumarse a los entrenamientos de la Selección. "Estoy feliz, muy contento y entusiasmado", explicó Armani en diálogo con el sitio oficial de River Plate.

"Tenía mucha fe, mucha esperanza de poder estar en el Mundial. Y gracias a Dios se dio. Tanto sacrificio, tanta entrega y se dio el llamado. Esto no se vive todos los días. Es el logro máximo de un jugador de fútbol", señaló.

Nada dijo de la lesión de Romero. Tampoco de la pelea que tiene por delante con Wilfredo Caballero y Nahuel Guzmán por quedarse con la titularidad. Pero sí dejó un dato muy especial tanto para los hinchas de River como para los de Boca. Y fue luego de que le preguntaran cuál creía que había sido el partido que lo catapultó a la Selección.

Ahí, sin demagogia, pero con la certeza de que para los hinchas del Millo no había sido un día más, clavó la estaca en el corazón de los fanáticos del Xeneizes. "Como todos sabemos, el partido de Boca fue un despegue no tanto en lo personal como en lo grupal", explicó en referencia a la final de la Supercopa Argentina, del 14 de marzo, que el equipo dirigido por Marcelo Gallardo le ganó al del Guillermo Barros Schelotto, por 2 a 0.

"Ese partido nos sirvió mucho para despegar, conseguir una racha de victorias, clasificar a la siguiente instancia de la Libertadores y...", contó. Y si bien dejó el remate abierto, estaba claro que también lo puso en la órbita de Sampaoli. Y a un paso del Mundial. Nada más, nada menos.

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