A pesar de que los precios de los cortes de carne aumentaron 1,7 por ciento en comparación con el primer mes de año, continúa aumentando el consumo.

Los especialistas aseguran que se debe a la costumbre cárnica argentina, pero también se lo atribuyen que, a pesar de los elevados precios, aumentó menos de lo que lo habría hecho la inflación, por lo que seguiría siendo conveniente.

Los datos provienen de un informe realizado por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra), en el que aseguran que se dio un aumento del 21,3 por ciento interanual, que sería el más importante desde noviembre de 2016.

En tanto, los especialistas del sector atribuyen la suba, que venía aumentando en torno a los 0,8 por ciento mensual, al tarifazo que autorizó el Gobierno en las últimas semanas y que se trasladó directamente a los mostradores.

A diferencia de la lógica que indicaría que ante un aumento de los precios, el consumo se retrotraería, sobre todo teniendo en cuenta que muchos todavía no ajustaron sus sueldos a la inflación y están pagando servicios más caros, la realidad demuestra que se consume un 8,1 por ciento más que en enero y febrero de 2017.

De esta manera, el argentino, a pesar de estar ajustado y comprometer gran parte de su sueldo a satisfacer las necesidades básicas, mantiene la compra en la carnicería como una prioridad y llega a consumir 58,6 kilos por habitante al año.

En tanto, desde el sector adelantan que podrían registrarse nuevos aumentos, ya que las fuertes sequías que se registran en gran parte del país afectaron el engorde de los terneros, que debieron ser alimentados en corral, lo que genera un costo mayor a los productores.

Asimismo, en el mercado de Liniers también se registró una importante suba mensual de un 8 por ciento en los precios de la hacienda en pie y alcanzó los 30 pesos por kilo vivo.

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