Está culminando el año y también el ciclo político de la coalición Cambiemos, por ello es el momento propicio para hacer balances, en este caso intentaré hacer una reseña desde el punto de vista de la Industria Naval.

A diferencia de lo que sucedió con otros sectores donde los primeros dos años de gestión fueron mejores a los dos últimos, en la Industria Naval sucedió lo contrario. Arrancamos el año 2016 con muy malas noticias: la importación de 9 remolcadores usados que destruyeron un segmento de mercado productivo que se estaba desarrollando con buenas expectativas. Proseguimos con la adjudicación del segundo barco de investigación pesquera a un astillero español, desechándose una propuesta local por un detalle formal. Y luego vino la compra directa de 4 lanchas patrulleras a Israel. Todos esos buques podrían haberse construido en astilleros argentinos y hubieran servido para dinamizar un sector que venía con muy poca actividad.

Mientras tanto, había un gigante que seguía dormido: la renovación de la flota pesquera, la cual seguía postergada ante las trabas burocráticas, la falta de incentivos y de créditos. Pero el diálogo dio sus frutos, la problemática pudo trabajarse en las mesas de competitividad de la Pesca y la Industria Naval y finalmente se implementaron medidas concretas que cambiaron el panorama. Primero fueron las sanciones de las leyes de fomento de la Industria Naval y de la Marina Mercante. Luego, una circular del Banco Central calificando a la Hipoteca Naval como garantía preferida y en el medio una correcta aplicación del decreto 1205/16 por parte de la Secretaría de Industria de la Nación, impidiendo que se importaran buques “usados” en el caso de que estos pudiesen construirse en el país. Faltaba un último empujón y llegó de la mano del DNU 145/2019 de renovación de la flota pesquera y la instrumentación de una línea de crédito del BICE que, aunque insuficiente, rompió con una sequía de 30 años sin herramientas financieras específicas para renovar barcos pesqueros.

Pero el margen de las normas y herramientas financieras, creo que el cambio más importante se dio en la mentalidad de los funcionarios, que finalmente entendieron que la antigüedad de la flota pesquera era un problema serio y que no había que obstaculizar a quien pretendía renovar un barco pesquero, especialmente si el nuevo se construiría en el país. En este sentido los trágicos naufragios del “Repunte”, “San Antonino” y “Rigel” y especialmente la acción posterior del colectivo “Ni Un Hundimiento Más” fueron gravitantes para propiciar este cambio de paradigma.

Tenemos hoy 10 buques pesqueros en construcción en 5 Astilleros distintos, pero esto puede ser solo el inicio, porque las autoridades salientes habrían aprobado una treintena de proyectos de renovación de flota para los próximos años. La Industria Naval Argentina pretende estar a la altura de las circunstancias y varios Astilleros privados ya están haciendo o tienen proyectadas inversiones para aumentar su capacidad instalada.

Para que no se detenga el incipiente proceso de renovación de la flota pesquera argentina deberán darse dos condiciones: superar definitivamente los errores del pasado y aprovechar lo que se hizo bien como puntapié inicial para seguir, creando una “política estado” en materia de renovación de la flota pesquera; incentivar e instrumentar las líneas de financiamiento que necesitan los armadores, extendiendo también el financiamiento a los astilleros que aún necesitan hacer obras de infraestructura. No existe posibilidad de renovar la flota pesquera sin créditos adecuados.

En definitiva, la Industria Naval puede hacer un importante aporte a la Argentina que viene, creando puestos de trabajo de calidad en toda la cadena de valor, evitando la fuga de divisas que implica recurrir a la importación de buques, generando ingresos genuinos a las arcas del Estado por los mayores impuestos que impone la producción local y mejorando paulatinamente la problemática de seguridad y eficiencia de la flota pesquera nacional. No existen soluciones mágicas, el único secreto es trabajar y confiar en el potencial de los argentinos.

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