Cada 4 de septiembre en Argentina se celebra el día del inmigrante. Esta fecha es una oportunidad de reconocer la contribución que los migrantes han tenido a lo largo de la historia del país. Una historia que es viva, latente y que seguimos construyendo de acuerdo a las particularidades del contexto que enfrentamos. Es también una historia que día a día vivenciamos en simples hechos cotidianos: cuando disfrutamos la diversidad gastronómica de nuestro país o indagamos la procedencia del apellido de un amigo, o nos deleitamos con algún ritmo musical o simplemente recordamos anécdotas de nuestros antepasados o de aquellos amigos y familiares que han emprendido sus sueños en otros lugares; sin darnos cuenta, estamos disfrutando algunos aportes que la migración ha dejado. En cierto punto todos tenemos una parte de migrante.

El escenario de interconexión actual que presenciamos se caracteriza por la constante circulación de bienes, servicios, capitales, tecnologías, informaciones y por supuesto también de personas. La migración es un hecho inherente a la naturaleza propia de los seres vivos. Por ejemplo, cientos de ballenas migran en busca de aguas más cálidas para tener sus crías. Los seres humanos también estamos destinados a estar en movimiento. Las causas de la migración son múltiples y diversas, sus beneficios y oportunidades también lo son. La posibilidad de aprovecharlos depende de la capacidad y voluntad de gestión que tengan nuestros Estados, pero también de otorgarnos la posibilidad de reconocer la humanidad de los otros, aunque sean diferentes.

Decía el fallecido ensayista franco-búlgaro Tzvetan Todorov “el extranjero no solo es el otro, nosotros mismos lo fuimos o lo seremos, ayer o mañana, al albur de un destino incierto: cada uno de nosotros es un extranjero en potencia. Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización". Sigamos por tanto, siendo civilizados, seamos capaces de continuar construyendo una Argentina diversa e intercultural. Recordemos cada 4 de septiembre a aquellos grupos de migrantes europeos que eligieron nuestra tierra como destino, así como también celebremos los aportes de las movilidades intrarregionales, instemos a nuestros gobernantes la adopción de medidas acordes a la Constitución y los tratados internacionales, recordemos también a aquellos compatriotas que residen en otro país, pero sobre todos seamos capaces de reconocer que más allá de las cifras, detrás de los flujos migrantes hay sueños y rostros humanos.

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