“Tenemos el estigma de que al Centenario le dicen el sifón, porque apretás y sale un chorro. Y eso no es cierto. Hay ladrones y delincuencia como en todos lados, pero en mayor medida es gente de bajos recursos que, si pudiera vivir en otro lado, lo haría. Pero viven acá y trata cada uno de mantener su vivienda de la mejor manera que puede”. Martín Córdoba, administrador del complejo habitacional, resume el sentir de muchos de los que viven en el Centenario.

“Estamos un poco discriminados por parte de la sociedad”, señala Córdoba, en línea con muchos de los vecinos que habitan el complejo. Hay una palabra con la que ellos mismos se definen: laburantes. “Lo pintan como un lejano oeste, dicen que andamos todos armados, pero no es así”, agrega Marta Fino, propietaria de uno de los departamentos del lugar.

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La opinión de los vecinos del Centenario no tiene una coincidencia general. Hay quienes sienten ganas de irse del barrio porque sufren robos. Sin embargo, predomina la sensación de padecer una gran estigmatización. “Está en el inconsciente de las personas que es un complejo peligroso, pero es un complejo más. Es un complejo de gente laburante. Hay gente con dificultades económicas y gente que no tiene dificultades económicas”, indicó Patricia Blanco.

El Centenario, donde viven 20 mil personas, es un complejo que se construyó durante la última dictadura militar. En pleno barrio Bernardino Rivadavia, los vecinos lo consideran como “una ciudad dentro de la ciudad”. Se trata de un lugar con mucha vida, en el que se desarrollan múltiples actividades. No obstante, por cuestiones económicas, sufre el deterioro de su infraestructura. “Nunca se hizo mantenimiento de estructuras, porque la gente tiene pocos recursos. Tenemos expensas fijas: para los dúplex cuestan 310 pesos, mientras que los departamentos chicos pagan 280 pesos”, concluye Córdoba.

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