Cinco de cada 10 niños marplatenses sufren malnutrición y los más afectados tienen entre 2 y 6 años, según un relevamiento del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana - ISEPCI- en conjunto con la organización social Barrios de Pie durante los meses octubre y noviembre de 2018.

En la primera infancia, de 2 a 6 años, de un total de 453 niños, el 52,7%, está afectado por algunas de las variantes de malnutrición. Aparece un 3% de bajo peso, 22,7% de sobrepeso, 26,9% de obesidad”, explican en el estudio que es una continuidad del relevamiento del Indicador Barrial de Situación Nutricional (IBSN), que se realiza dos veces por año en distintos barrios de Mar del Plata y Batán.

La información describe la situación nutricional de 1432 niños, niñas y adolescentes de 0 a 19 años, relevados por los promotores de salud capacitados en el manejo de técnicas antropométricas en 37 barrios de las localidades de Mar del Plata y Batán. Se trata de niños, niñas y adolescentes que asisten a merenderos, comedores y espacios comunitarios, ubicados en barrios en situación de alta vulnerabilidad socio-sanitaria, cuyos padres en su mayoría son titulares de programas sociales con transferencia de ingresos, trabajadores no registrados o de la economía popular.

“En el primer semestre de 2018 la población relevada en barrios de similares características alcanzó a 1090 niños y adolescentes, lo que en la comparación semestral implica un incremento de más del 30%, manifestación del continuo aumento de la concurrencia de familias, a los comedores y merenderos comunitarios de los barrios populares, que no pueden cubrir los requerimientos nutricionales de sus hijos. Para un total de 152 lactantes de 0 a 2 años, el 26% (40n), presentan malnutrición, lo que da cuenta que estarían recibiendo una alimentación inadecuada: por déficit 6,5% de bajo peso, mientras que los indicadores por exceso presentan un 10% de sobrepeso y 10% de obesidad. Uno de cuatro lactantes presenta alguna forma de malnutrición”, descubrieron en el relevamiento.

En términos generales, sobre un total de 1280 niños, niñas y adolescentes de 2 a 19 años, sin discriminar grupo etario, en este segundo semestre de 2018, el 49,38%, se encuentran en alguna de las variantes de malnutrición, destacando la preeminencia de los indicadores por exceso: sobrepeso 22,5% y obesidad 24,6% mientras que en bajo peso encontramos un 2,3% del total. “Hay un progresivo agravamiento de la situación alimenticia, arrojando que casi 5 de cada 10 niños y adolescentes relevados padecen malnutrición”, pudieron arribar en las conclusiones.

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Discriminados por franja etaria se observan algunas situaciones diferentes:

- En la primera infancia, de 2 a 6 años, de un total de 453 niños, el 52,7%, está afectado por algunas de las variantes de malnutrición. Aparece un 3% de bajo peso, 22,7% de sobrepeso, 26,9% de obesidad.

- En la segunda infancia, de 6 a 10 años, de un total de 394 niños, presentan malnutrición el 50%. Aparece un 2% en bajo peso, 24,1% de sobrepeso, 23,9% de obesidad. Se ubican en riesgo de bajo peso el 1% de los niños/as. Esta situación es altamente preocupante si se tiene en cuenta que esto se produce entre los niños y niñas en edad escolar que reciben por lo menos una comida y/o una merienda diaria en los comedores escolares, lo que no estaría aportando la alimentación necesaria para una dieta adecuada.

- En el grupo de 10 a 19 años, de un total de 433 adolescentes presentan malnutrición el 45,27%. Aparece un 1,9% bajo peso, 20,5% de sobrepeso, 22,9% de obesidad.

Consideraciones generales del estudio:

La realización periódica de esta Investigación/Acción/Participativa en barrios vulnerables de Mar del Plata y Batán ha permitido observar que en los niños, niñas y adolescentes 0 a 19 años convocados, están presentes significativos valores de malnutrición en todos los grupos etarios.

Causa alta preocupación el 49,38% de malnutrición sobre un total de 1280 niños/as/adolescentes de 2 a 19 años. Estas cifras nos afirman la tendencia de que la malnutrición infantil se ha consolidado en cifras cercanas al 50% en los últimos años, con énfasis en el sobrepeso y la obesidad, lo cual pone en evidencia la existencia de problemas crónicos y estructurales en una buena parte de la población para acceder a alimentos nutritivos en cantidad y calidad necesarios. La presencia de estas variables de malnutrición, nos interpela también sobre la repercusión de hábitos sedentarios y escasa actividad física, debiendo relevar cuál es la real oferta recreativa y deportiva en los barrios, siendo el sedentarismo uno de los factores de riesgo de mayor importancia que deben ser modificados con urgencia.

Lo hasta aquí descripto, pone en evidencia la preocupante vulnerabilidad nutricional en la que se encuentra la población, que asiste a copas de leche, merenderos y comedores de los Movimientos Sociales, que hoy estarían siendo afectados por una alimentación inadecuada para su edad, lo cual de no modificarse, abre las puertas a enfermedades tanto en lo inmediato como en la edad adulta, limitando su crecimiento y desarrollo integral tanto físico como psicosocial, deteriorando su calidad de vida.

La población relevada integra grupos familiares afectados por múltiples vulnerabilidades. Destacándose como uno de los principales condicionantes, los límites que imponen los reducidos ingresos de que disponen para alimentarse, donde no hay elección ni posibilidad de acceder a una alimentación adecuada en cantidad ni calidad, con los requerimientos nutricionales para el periodo de crecimiento. El aumento sostenido del precio de los productos frescos como carnes, lácteos, frutas y verduras agrava la tendencia que ya veníamos observando del reemplazo de alimentos nutritivos por alimentos rendidores en las mesas de los hogares más humildes. Así, mientras baja la ingesta de proteínas, hierro, calcio y vitaminas, sube la de hidratos de carbono y grasas. Al mismo tiempo, se consolida la situación de la preocupante adaptación de la dieta de los niños a la de los adultos, sin complementar con productos necesarios para su desarrollo durante la lactancia y primera infancia principalmente.

El IBP, Índice Barrial de Precios, aporta información sensible a la hora de analizar la accesibilidad a los alimentos, afirmando que el proceso inflacionario creciente impactó fuertemente desde diciembre 2017 a diciembre 2018, ya que los alimentos de la canasta básica aumentaron en un 59% (medición IBP Conurbano Bonaerense), llegando a una CBA cercana a los $10.000. Esto compromete seriamente las posibilidades de las familias de los sectores más vulnerables para cubrir sus necesidades nutricionales. Como se desprende de este relevamiento, que realizamos mensualmente, donde analizamos la variación de precios de los 57 productos que componen la Canasta Básica de Alimentos, se abre una clara brecha entre la suba de estos productos, los fuertes incrementos de tarifas y combustibles, en relación con los aumentos otorgados a las jubilaciones, los salarios mínimos y a la AUH, lo que provoca un fuerte deterioro en los ingresos de los sectores más humildes.

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El proceso inflacionario, la caída del empleo, el cierre de comercios y pymes, la menor posibilidad de realizar changas impactaron fuertemente a los sectores más vulnerables, comprometiendo aún más las posibilidades de las familias de cubrir la canasta básica de alimentos. La cual no fue protegida por el Estado con una política de control de precios, sobre todo para los alimentos nutritivos y saludables.

Profundiza esta situación la incompleta oferta de las políticas públicas para combatir la malnutrición. Los comedores escolares, más allá de los anuncios oficiales, continúan brindando en su gran mayoría, menús con alto contenido calórico, pero baja calidad nutritiva, con escasa presencia de frutas y lácteos, y altos volúmenes de grasas, azúcar y sal. El presupuesto asignado, todavía insuficiente, debilita el rol prioritario de garantizar una dieta rica en nutrientes.

Los programas de asistencia alimentaria, están limitados hoy a la entrega de alimentos secos con escaso o nulo valor nutricional, lo cual precariza, tanto el contenido de los bolsones de alimentos que se entregan a las familias, como el sostenimiento de los comedores comunitarios, imposibilitados de construir comidas de calidad nutricional ya que no disponen de alimentos frescos, como carnes, huevos, lácteos, verduras y frutas.

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