Dos manos gigantes y blancas sostienen la fachada del hotel Ca S'agredo, uno de los palacios que forman parte del famoso Gran Canal de Venecia. Si bien la ciudad italiana tiene mucho que ofrecer y sorprender, sobre todo para alguien que va por primera vez, esas manos me dejaron perpleja y algo sensible.

Me imaginaba, parada frente a esa inmensidad, el resto de la persona: ahogada, sin aire, tratando de aferrarse a un pedazo de cemento. Y pensé también en esas manos de piedra tan humanas e inmensas, capaces de construir maravillas y también destruirlas.

Uno de los temas más resonantes de la semana surgió de una publicación de la revista Nature Climate Change que asegura que la temperatura en la Tierra aumentará probablemente dos grados durante este siglo. Esto podría tener consecuencias dramáticas para la subsistencia de millones de personas, como períodos prolongados de sequía y el aumento del nivel del mar.

Pero cumplir la meta de reducir el calentamiento “es factible” en el caso de realizar “un esfuerzo importante y sostenido durante los próximos 80 años”, señaló el director del estudio Adrian Raftery.

Este miércoles se declaró el "día de la sobrecapacidad de la Tierra", una fecha que establece el momento en el que la humanidad consumió los recursos que el planeta renueva en un año. Según el cálculo de la ONG Global Footprint Network, a partir de ese día los habitantes del mundo vivirán "a crédito" hasta el 31 de diciembre porque los recursos renovables se han acabado. El agua ya pasó el cuello.

El objetivo de Quinn al crear la obra de arte fue denunciar y sensibilizar a la población sobre los efectos destructivos del cambio climático. De hecho, explica en su página web que “las manos del hombre tienen el mismo poder tanto para salvar como para destruir”. Es una metáfora que muestra la necesidad de sostener un patrimonio único como es Venecia, o como lo es cada rincón del planeta.

Así se construyó la obra:

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