Sin encontrar más motivación que el solo hecho de probar el arma o “responder al placer derivado de desahogar el instinto de matar sin motivo”, el juez Mariano Iturralde dispuso procesamiento y prisión preventiva para Juan Jesús Fernández y Juan José Navarro Cádiz, ahora únicos acusados por el doble crimen del diputado Héctor Olivares y su asesor Miguel Yadón, cometido el último 9 de mayo en plaza Congreso.

Otros cinco detenidos desde el inicio de la investigación, la mayoría miembros de una familia gitana, quedaron liberados por falta de mérito, según confirmaron esta noche fuentes judiciales.

Los considerados coautores afrontan cargos por doble homicidio agravado por haber sido cometido con alevosía, por placer y por el empleo de un arma de fuego, en concurso real con portación de arma de guerra sin la debida autorización legal.

Si bien en principio se sospechó que el origen del ataque pudo haber sido alguna cuestión pasional o de enemistad entre los ahora imputados y las víctimas, durante le desarrollo de la pesquisa no se pudo acreditar ningún vínculo entre ellos.

Fernández y Navarro Cádiz dispararon desde el interior del un VW Vento, estacionado a la vera de la Plaza del Congreso, por donde Olivares y Yadón solían caminar a primera hora de cada mañana como parte de su rutina diaria.

El vehículo pudo ser secuestrado horas después en una cochera cercana al lugar del incidente, la misma donde Fernández lo guardaba habitualmente. Ambos acusados permanecieron prófugos hasta que pudieron ser detectados y detenidos, uno de ellos en la provincia de Entre Ríos y el otro ya en Uruguay. "La investigación desarrollada indica que no habría existido relación o conflicto previo alguno entre las partes involucradas”, concluye Iturralde con las pruebas acopiadas en la investigación. Da cuenta de un ataque “alevoso y traicionero" y pone en relieve que la puntería estaba garantizada por una mira láser que tenía el arma calibre 40 con el que se hicieron los disparos.

Tres de los proyectiles dieron en Yadón, que falleció allí mismo. Olivares pudo pedir ayuda y ser trasladado hasta un hospital, donde falleció días después por la gravedad de las heridas que le provocó una única bala que le atravesó la zona abdominal. El ataque quedo grabado por cámaras de seguridad.

El juez también entiende que no hubo tercer ocupante ni otros cómplices sino que Fernández y Navarro Cádiz actuaron solos y sin ningún otro motivo más que el de probar el funcionamiento del arma, en este caso frente a personas desconocidas que habrían elegido al azar para utilizarlas como blanco.

Le queda por delante definir cuál de los dos fue el autor de los disparos, lo que no se puede advertir de los registros fílmicos. Pero sí considera que ambos estuvieron de acuerdo en ejecutar el plan que terminó con ambos crímenes.

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