Por Juan Manuel Simó

Mientras continúa la conmoción por el femicidio de Úrsula Bahillo, se registró el asesinato de Guadalupe Curual. En ambos casos, las víctimas habían acudido a la justicia reiteradas veces.

Úrsula había denunciado a Matías Ezequiel Martínez en varias oportunidades por violencia de género y por transgredir el límite perimetral que la justicia le había impuesto. Sin embargo, al momento de su asesinato, seguía esperando a que le dieran un botón antipánico. Con Guadalupe sucedió algo similar: la joven de 21 años fue asesinada a puñaladas por su ex pareja, Bautista Quintriqueo, a quien había denunciado tres veces. La medida de no acercamiento que dispuso la justicia no sirvió para evitar el trágico final.

Cuando se trata de denuncias por violencia de género, queda al descubierto la ineficacia del sistema judicial. Se requiere urgente un método de implementación eficiente para dar respuesta. ¿Cuántas denuncias hacen falta para que las víctimas sean escuchadas?

La violencia de género en Argentina está fuera de control. Con la pandemia, el problema estructural se ha profundizado: según el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, entre enero y diciembre de 2020, se recibieron 108.403 comunicaciones por violencia de género en la Línea 144. Además, según cifras del observatorio MuMaLá, se han registrado 45 femicidios en el país en lo que va del año, dentro de los cuales más del 20% había denunciado al agresor.

En este contexto, a través de una carta dirigida al presidente Alberto Fernández, el Colectivo de Mujeres pidió declarar la “emergencia nacional por violencia contra las mujeres y disidencias por razones de género”. Días más tarde, el gobierno anunció la creación del Consejo Federal para la Prevención y el Abordaje de Femicidios, Travesticidios y Transfemicidios con el objetivo de mejorar los mecanismos estatales y prevenir la violencia de género.

Si bien Argentina ha tenido avances a nivel institucional, la violencia de género sigue siendo uno de los principales problemas de nuestra sociedad. Cada vez son más las víctimas que se animan a denunciar, pero pocas veces son realmente escuchadas. La violencia de género debe terminar y, para eso, es esencial el buen funcionamiento de la justicia.

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