Alejandra Merlotto, geógrafa e investigadora asistente del CONICET

La presencia de residuos en las playas es sólo uno de los problemas ambientales costeros. La erosión costera tiene un fuerte impacto en este tipo de ambientes y se visualiza con el retroceso de la línea de costa y la disminución del volumen de arena en los sectores de playa. Este proceso tiene consecuencias socioeconómicas negativas para las sociedades costeras y la actividad turística, ya que genera la pérdida de lotes y propiedades, el deterioro y destrucción de infraestructura urbana y balnearia, la disminución de la calidad ambiental, del paisaje y del uso y disfrute del ambiente.

En la provincia de Buenos Aires hay zonas que naturalmente acumulan sedimentos, formando médanos y playas de arena, mientras que hay otras, como las costas acantiladas, que son erosivas. La acción del hombre sobre el medio natural somete a estos ambientes a una explotación continua y cuando ocurren cambios en ellos, su capacidad de respuesta se ve limitada. Es entonces cuando se altera el equilibrio preexistente y surgen nuevos problemas.

La erosión se ve afectada por la intervención humana. Concretamente, este proceso natural se incrementa por la urbanización de la franja costera, ya sea por edificaciones como viviendas, balnearios o el trazado de vías de comunicación sin respetar la topografía del lugar, ya que se eliminan los médanos frontales que proveen de sedimento a la playa. Los fuertes vientos provenientes del mar, transportan arena hacia el continente, pero como éste se encuentra urbanizado o forestado, la arena queda retenida o se pierde por limpieza del área urbana y los vientos desde el continente hacia el mar no pueden devolverla hacia las playas. Además, el médano costero es una de las defensas naturales de la playa frente a la acción del oleaje. Por lo tanto, si éste desaparece, cuando ocurre una tormenta el reservorio natural de arena que se retira no está y en ese caso, las olas rompen contra la infraestructura allí presente.

Por otra parte, la presencia de construcciones en el frente costero y la impermeabilización del suelo incrementan la escorrentía superficial, es decir, que el agua no se infiltra y, en su lugar, se mueve a través de la superficie buscando áreas más bajas. El agua escurre por la superficie impermeabilizada y genera “cauces” en la playa que arrastran arena hacia el mar. Al pasar la tormenta, el cauce puede desaparecer al nivelarse la playa por la acción de los vientos y con las próximas precipitaciones vuelve a formarse erosionando nuevamente la playa. Merlotto explica: “Los desagües pluviales generan además otros problemas ambientales como la contaminación de las playas, dado que en su recorrido por la ciudad reciben los efluentes de gran cantidad de conexiones clandestinas, industriales y residenciales, además de las aguas de precipitaciones, que arrastran toda la basura y desechos animales de calles, veredas y plazas y terminan en las playas contaminado el agua de mar y la arena.

Los espigones y escolleras también afectan la dinámica costera: actúan reteniendo arena en su lado sur y disminuyendo el suministro de sedimentos a las playas ubicadas al norte, debido al transporte natural de sedimentos marinos. Entre las décadas de 1920 y 1970 se construyeron espigones a lo largo del frente costero marplatense, como una solución local luego de emplazado el puerto, sin tener en cuenta un enfoque regional y a largo plazo. Su presencia generó un incremento en la erosión de zonas desprotegidas, trasladando sus efectos hacia el Norte, llegando incluso al Partido de Mar Chiquita. “Otra de las acciones humanas que intensifica el proceso erosivo es la extracción minera de arena, que si bien está prohibida continúa realizándose en forma ilegal, aunque en menor medida.

Pero también existen factores naturales que afectan las costas: algo tan simple como las tormentas. Los fuertes vientos, el mayor nivel de energía del oleaje, con alturas medias superiores a 1,5 metros y la elevación del mar, reducen el efecto protector de las defensas naturales de las playas y se erosionan las partes más altas de las mismas”. El oleaje producido, que ahora no encuentra resistencias naturales, puede alcanzar las construcciones realizadas sobre la playa y retirar un mayor volumen de arena de la zona posterior, provocando el retroceso de la línea de costa, disminuyendo el nivel de playa o construyendo pronunciadas escarpas de erosión, en zonas donde se desarrollaba una suave pendiente de playa.

Cuando una serie de tormentas ocurre en un período corto de tiempo, la playa no puede recuperarse ya que la arena se deposita demasiado lejos mar adentro, pudiendo producirse una importante erosión de la misma, con consecuencias como la destrucción de balnearios, rampas de acceso a las playas, construcciones aledañas a la costa y pérdida de arena”. Si bien se trata de procesos naturales, los efectos de las tormentas son agravados por la actividad humana previamente relatados.

Además, las playas se ven afectadas no sólo por la basura que depositamos luego de una jornada de sol, sino también por las acciones llevadas a cabo por los balnearios durante los meses de verano, las cuales perjudican notablemente su dinámica. El alisamiento de las playas para la colocación de carpas y el tránsito vehicular en la zona de playa elimina o destruye las geoformas que naturalmente se formaron durante el resto del año y que actúan como defensa natural frente al oleaje. La presencia de infraestructura balnearia en la playa también afecta el intercambio natural de arena, y es por esto que en los últimos años, algunos municipios han comenzado a reformar las instalaciones balnearias construyendo infraestructura que favorece el transporte natural de la misma, para mitigar los procesos erosivos.

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