En 1996, Ariel “Gitano” Acuña Mansilla ya era un preso peligroso.Y a ese historial le sumó ser uno de los “doce apóstoles” que protagonizaron el motín más sanguinario de la historia carcelaria argentina. Hace seis años recuperó la libertad y desde diciembre pasado vive en Mar del Plata, donde trabaja como cuidacoches en la zona de Güemes.

Luego del juicio y de cumplir la pena por los aberrantes hechos durante el motín en Sierra Chica, El Gitano volvió a estar preso por otros delitos. Cuando salió de la cárcel buscó una reinserción como pudo, sin ningún tipo de ayuda.

El "Gitano", de los "Doce Apóstoles", de Sierra Chica a Mar del Plata

“Esto es lo que hay, estoy buscando algo mejor si la sociedad me ayuda a conseguir un trabajo. Los antecedentes engañan y piden referencias, por lo que no me dan la oportunidad”, expresó en una entrevista exclusiva con Telediario, el noticiero de Canal Diez.

Acuña Mansilla consideró que “la cárcel no ayuda a la reinserción, porque a veces uno que entra por robo después sale y mata”. “(Reinsertarse) queda al criterio de cada uno”, remarcó.

Para el ex convicto, “hay un rechazo bastante grande de la sociedad”. “Hacemos lo que podemos. Yo quiero cambiar: lavo los coches, cuido, la gente me da una mano”, señaló, y contó que los comerciantes de la zona donde trabaja le ofrecen comida y lo ayuda.

Luego de afirmar su historial de homicidios y robos, recordó que en 1993, en Mar del Plata, hizo un motín “por el pacto de José de Costa Rica y el 2x1”. “Después me llevaron de unidad a unidad. Por eso la cárcel no sirve; no te da oportunidad, es la ley de más fuerte”, agregó.

Durante la Semana Santa de 1996, junto a otros presos a los que se conoció como “los doce apóstoles”, intentó fugarse del penal y el hecho terminó en un sangriento amotinamiento con toma de rehenes y enfrentamientos entre los internos. El motín duró 8 días y dejó 8 muertos. Según El Gitano, se enfrentaron a otros reclusos “porque trabajaban para el Servicio Penitenciario y estaban resguardados por ellos”. “Era una banda y la mayoría estaba por causas de violaciones. La idea era fugarnos ese día y como no pudimos nos tuvimos que amotinar”, expresó.

“Hoy disfruto la libertad, estoy trabajando desde las 10 hasta las 2. Si querés cambiar y no querés volver a la cárcel, haces de todo. Yo en este momento cuido coches. Trato de salir adelante todos los días”, destacó.

Y con orgullo, añadió: “Me veo recuperado, hace seis años que estoy en libertad”. Una vez que salió de la cárcel trabajó con abogados en la Ciudad de Buenos Aires. “He procurado, he ido a los tribunales, he hecho escritos y el Código Penal me lo sé de memoria”, afirma.

Su único objetivo es el bienestar de su hijo, a quien le envía el dinero que gana en las calles de Mar del Plata. “Es lo más grande que tengo, por él hago cualquier cosa”, dijo emocionado hasta las lágrimas y con la esperanza de encontrar un trabajo mejor.

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