Por Mariel Fornoni - Socia Directora de Management and Fit

Las PASO mostraron la foto del enojo, la desconfianza y la angustia de la gente. Los oficialismos son los principales protagonistas de las elecciones de medio término ya que plebiscitan su gestión y la gente decide si va a apoyarlos o prefiere modificar el rumbo. Es por ello por lo que, los votos que suelen obtener los gobiernos correlacionan con el grado de confianza que la gente deposita en ellos: el grado de aprobación del gobierno nacional antes de las PASO era de 30% y fue aproximadamente el porcentaje de votos que obtuvo a nivel nacional, el nivel de aprobación de octubre bajó a 27%.

La foto muestra claramente el fracaso. El FDT ganó solo 7 de las 24 jurisdicciones nacionales y en PBA, su principal bastión, Juntos le arrebató 112 partidos, superando en 4 los ganados por ellos mismos en 2017 cuando era Mauricio Macri quien plebiscitaba su gestión. No hay que agregar mucho más.

Si el gobierno no generaba confianza para más del 60% de la población, lo que sucedió después de las PASO agravó el problema, 7 de cada 10 creen que el gobierno terminó más debilitado, el 40% cree que la alianza de gobierno está rota y un 14% cree que se romperá definitivamente después de noviembre.

En este contexto parece difícil generar confianza para la elección general. Las medidas que ha tomado el gobierno son vistas por más del 60% de la gente como electoralistas y no abonan tampoco el terreno de la certidumbre. Las manifestaciones y apariciones del Alberto Fernández y Cristina Kirchner, menos, y de la de Sergio Massa y su espacio se desconoce.

Las coaliciones de gobierno en un país híper presidencialista como el nuestro son complicadas, sobre todo cuando no están claros los roles y los liderazgos o parecen ser diferentes a lo establecido. También casi 6 de cada 10 argentinos creen que las decisiones las toma la vicepresidente y el presidente solo ejecuta.

Las campañas son promesas, difíciles de creer cuando ni los gestos ni las acciones de quienes las profesan les suenan creíbles a los votantes. Será una tarea tremenda para el gobierno lograr que más de sus propios votantes vayan a votar aumentando la participación electoral en relación con las PASO, que hoy parece ser la única vía de incrementar su caudal electoral.

Las incorporaciones de Aníbal Fernández, Julián Domínguez y el mismo Juan Manzur parecen obedecer más a la gestión de la elección que a la de la propia gestión de gobierno, no sólo por su expertisse en otras campañas y su diálogo más cercano con intendentes y gobernadores sino también para ¨renovar¨ las caras ya derrotadas en la elección. ¿Será suficiente renovación para recuperar la confianza?

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