Uno de los momentos madre-hijo más recordados en la memoria popular nacional, se encuentra en el fútbol. Para desempolvar el recuerdo hay que ir al archivo de 1986, en pleno Mundial de México. Allí, en una tarde de mucho calor, con un sol azteca rajante sobre la cabeza, la Selección Argentina de Diego Armando Maradona le acababa de ganar un partido histórico a Inglaterra, por 2 a 1.

Todo era euforia. Fotógrafos hambrientos se abalanzaban sobre el campo de juego porque querían retratar al héroe de los 90 minutos históricos que recién terminaban. El 10 argentino le había dado el triunfo al equipo con una mano de Dios y con un barrilete cósmico. Y ahí, en medio de camisetas transpiradas, tumultos insoportables de personas, calores mexicanos, y abrazos albicelestes, ocurrió una secuencia íntima.

Es que en medio de la cancha a Diego lo conectaron, por auriculares, con su mamá. Doña Tota esperaba del otro lado de la línea. El relator José María Muñoz hizo de intermediario y dijo al 10: “Saludá a tu mamá”. Y el 10 por unos instantes dejó de ser Maradona y solo fue “Pelusa”, el hijo de rulos de Doña Tota.

-“Hola, mamma”

-“Hola, mi amor”

-“Tota, Tota, te amo, mamma”

-“Mamita”

-“Perdón, yo… hablarle a mi mamá es muy difícil, porque hablarle por radio… yo la quisiera tener acá al lado mío en este momento, porque estamos viviendo momentos excepcionales realmente. Yo sé lo que ella sufre cuando le dicen que ‘el nene juega mal', 'el nene esto', 'el nene lo otro’. Entonces hoy el nene estoy seguro que la hizo feliz. Quiero que sepa que la adoro, que los goles que hice son para ella”

-“Hola, mamita”

-“¿Cómo estás, mamma?"

-“Mi vida”

-“Te quiero mucho, mamma”

-“Yo también, mi amor. Andá a descansar, mi hijo, que me hiciste la madre más feliz del mundo hoy”

-“Yo juego para vos mamá”

-“Mi amor”

-“Te llamo después, mamma, te quiero mucho. Un beso grandote para todos”

Un Maradona que por ese entonces jugaba en Nápoli llamaba a su madre como un italiano más: “mamma”. Del otro lado del teléfono, la “mamma” se enorgullecía del logro de su hijo. El diálogo entre ambos quedó grabado en las páginas de la historia del fútbol argentino.

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