Los jueces Alicia Ramos Fondeville, Jorge Isaach y Carlos Pizarro Lastra tuvieron la responsabilidad de llevar adelante el juicio oral y público de mayor impacto mediático que se haya vivido en esta ciudad. Y que culminó con un fallo condenatorio para Carlos Monzón: 11 años de cárcel por el homicidio de su ex esposa, Alicia Muñiz, también ocurrido en Mar del Plata, el 14 de febrero de 1988.

El proceso de instrucción de la causa fue por momentos una verdadera partida de ajedrez entre las partes, atentas a que cada dato, testimonio y peritaje podía ser determinante a la hora del dictado de condena. Y también escenario de jugadas poco claras, mucho menos confiables y temidas de ser generadas solo para enturbiar la investigación.

El acusado reconoció que aquella madrugada discutió con su mujer, tuvo con ella gestos de violencia (al menos que la tomó muy fuerte del cuello) y que ambos cayeron del mismo balcón de planta alta del chalet de calle Pedro Zanni, en La Florida. El detalle de lo sucedido asomó en la sala de audiencias con testigos e informes. Y aún así quedaron múltiples dudas latentes.

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-El cartonero que juró decir “la santa y pura verdad”.

Rafael Crisanto Báez apareció en el caso recién a fines de febrero. De precaria formación y vocabulario limitado, el cartonero dijo que “vio todo”. En su versión, Monzón le pegó a Muñiz, la cargó sobre sus hombros, la lanzó desde el balcón y luego se tiró para caer sobre ella. Anduvo por los medios y pasó de la calle a vivir en hoteles gracias a ese rato de fama. Terminó procesado por falso testimonio. Murió en 2003.

-La versión del mozo que habló y lo pagó caro

Otro protagonista que sumó datos fuertes a la causa fue Rafael Moyano, que trabajaba de mozo y también dijo que fue testigo directo del crimen. Lo anticipó a un medio de su provincia, Tucumán. La grabación llegó a los investigadores y lo citaron a declarar. Así llegó hasta el juicio oral, donde al igual que Báez quedó procesado por falso testimonio.

-La memoria frágil de Monzón

Apurado por hablar apenas ocurrido el hecho, situación que le costó un reto de sus abogados, la versión original que dio durante la instrucción fue muy distinta de la que intentó presentar ante el tribunal. De aquel agarrón fuerte del cuello a, años después, solo reconocer que le dio un cachetazo a su ex mujer. Sus defensores intentaron justificarlo con un cuadro clínico de pérdida de memoria. Para los jueces imposible porque su amnesia parecía parcial: solo olvidaba situaciones que lo comprometían.

-Los antecedentes de violencia familiar de Monzón

La propia Alicia Muñiz lo había denunciado en más de una oportunidad por agresiones que, incluso, alcanzaron a su madre. Pero el perfil de golpeador acompañaba a Monzón desde su juventud. Su primera esposa, Mercedes Beatriz García, también dejó constancia judicial de agresiones recibidas. Por ese caso llegó a recibir una condena pero poco después fue indultado por el entonces gobernador de Santa Fe, Jorge Desimone.

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-Por qué Muñiz se expuso a este trágico final

La relación de la pareja, al menos como tal, se había roto en 1984. Pero tenían un hijo en común, Maximiliano, que los mantenía en permanente contacto. Sus conocidos relataron que en ese contexto las situaciones de riña eran comunes, pero que seguían teniendo piel Así se llega a este reencuentro en Mar del Plata, con aquella noche que comienza en el Casino Central, continúa en el restaurante del Club Peñarol y termina con la pareja en el dormitorio de la casa que había alquilado el actor Adrián Martel, amigo de Monzón. Para los íntimos, un final trágico anunciado.

-¿Se robaron un músculo clave del cadáver de Muñiz?

Cuando a pedido de la justicia se realizó una segunda autopsia sobre el cadáver de Alicia Muñiz los forenses constataron la ausencia de uno de los músculos esternocleidomastoideo, considerado clave porque tendría evidencias de la potente presión que en el cuello ejerció Monzón en un suerte de estrangulación de su víctima. La investigación de este caso paralelo a la causa de crimen nunca avanzó demasiado y quedó para siempre bajo la bruma de las dudas, sospechas y un profundo misterio.

-¿Por qué no lo acusaron por femicidio?

La misma causa en estos días habría derivado en una condena por femicidio, delito para el que Código Penal prevé pena de cadena perpetua. Pero se trata de una calificación que se incorporó recién en 2012, por lo que el tribunal solo pudo resolver sobre un caso de homicidio simple. El Ministerio Público pidió para Monzón un total de 18 años de prisión. En el fallo se admite el contexto de violencia en el que nació y se crió el acusado, por lo que con esos atenuantes se llegó a una condena a 11 años de cárcel.

-Las amenazas para evitar una condena

La fama de Monzón, sus títulos deportivos que lo habían convertido en ídolo de los argentinos, pesó y mucho. En la misma comunidad, que aun ante un crimen tremendo seguía creyendo en la versión del acusado. Ese escudo social que parecía proteger al campeón avanzó sobre quienes debían resolver su suerte judicial. El ex fiscal Alberto Ferrara, que participó de la causa. Recordó que se pudo trabajar en la investigación pero siempre incomodado por amenazas. “Si lo condenan a Carlitos sos boleta”, le decían en llamados a su teléfono particular. Dijo que nunca llegaron a impactar en su labor profesional.

-De la pobreza a los millones. Del campeón al preso.

Los que lo conocían desde bien cerca aseguraban que Carlos Monzón cerró su carrera profesional con un muy buen pasar económico. Era propietario de varios departamentos, casas y campos cotizados entonces en casi seis millones de dólares. La previa a este proceso judicial lo encontró en un momento de comodidad pero también entre vaivenes con su ex esposa, que seguía reclamando más dinero en función del hijo en común que tenían. Ya sin la gloria ni los millones de entonces, todavía el ex campeón del mundo podía disfrutar de una vida sin apremios.

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-Sus días de condena en la cárcel de Batán

Monzón llegó aquella temporada marplatense para disfrutar de tres de sus pasiones: amigos, casino y mujeres. No pudo volver a su provincia más que cuando le dieron el traslado a la Unidad Penal de Las Flores, donde completó la condena. Sus días desde mediados de febrero de 1988 y durante años pasaron en la cárcel de Batán, a casi 20 kilómetros del centro de Mar del Plata. Allí tuvo buenas calificaciones de las autoridades y respeto máximo del resto de los internos. Lo visitaron allí varios famosos, amigos de siempre. Se especuló con el arribo a Batan de Alain Delon, el actor con el que eran íntimos. Ese encuentro recién se dio en la cárcel santafesina.

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