Este martes comenzará a dilucidarse uno de los casos más polémicos de la historia criminal marplatense. Desde que ocurrió, el 8 de octubre de 2016, la muerte de Lucía Pérez provocó reacciones de todo tipo, y muchas versiones sobre un mismo hecho.

En un principio las declaraciones de la fiscal del caso, María Isabel Sánchez, en rueda de prensa causaron revuelo y horror en la sociedad, por el salvajismo y la brutalidad con los que, según su apreciación, había sido violada y asesinada la joven de 16 años.

Al igual que ocurrió esta semana, en Mar del Plata se desarrollaba en ese entonces el Coloquio de Idea y los medios grandes del país estaban apostados en la ciudad. La conferencia de prensa de la fiscal, en un contexto de creciente lucha feminista, posó los ojos de toda la prensa argentina en el caso, que llegó a tomar repercusión internacional y hasta motivó un paro internacional de mujeres para reclamar justicia.

Por el hecho ya estaban detenidos dos hombres, Matías Farías y Juan Pablo Offidani, el hijo adoptivo de un reconocido escribano de la ciudad cuyo estudio fue atacado en aquel entonces por los manifestantes que marcharon para protestar tras lo que había ocurrido. Además, era intensamente buscado Alejandro Maciel, quien sería atrapado días después en Santa Clara del Mar.

Para la defensa de los tres, la declaración de la fiscal Sánchez había sido cuanto menos apresurada. Hasta ese momento, lo que se tenía por probado era que Lucía Pérez había estado con Farías y Offidani momentos antes de morir y que ellos la habían trasladado a la sala de primeros auxilios de Playa Serena, luego de que se descompensara en la casa del primero de los hombres. También se sabía que era menor de edad y que en su cuerpo se habían encontrado indicios de consumo de estupefacientes y lesiones en el recto.

Para la fiscal, Farías y Offidani habían obligado a la joven a drogarse, o al menos permitido -siendo mayores de edad- su ingesta de marihuana y cocaína. En ese marco, casi daba por confirmado que además habían abusado sexualmente de ella hasta que se desvaneció.

La investigadora basaba su postura en las primeras pericias realizadas por los médicos forenses. Sin embargo, con el paso de las semanas la situación de la causa fue modificándose. Primero, se descartó la participación de Offidani en el abuso sexual al no encontrarse su ADN en el cuerpo de la adolescente. Y luego, directamente se puso en duda que se hubiera tratado de una violación.

Ocurrió entonces que intervino un cuerpo de peritos de La Plata y sostuvo que las lesiones que presentaba el cadáver no necesariamente indicaban que había sido víctima de abuso sexual. Es decir, hubo un contrapunto estrictamente profesional entre los médicos.

Para explicarlo mejor: amparada en la primera información, la fiscal sostenía que Lucía Pérez había sido abusada sexualmente vía anal con un objeto romo -lo que podría ser, por ejemplo, un palo- y el dolor causado, sumado al consumo de drogas, le había provocado una descompensación que derivó en su muerte. Los médicos platenses, en tanto, explicaron que esas lesiones podían no provenir directamente de un abuso sexual. Es decir, no descartaron que la joven hubiera tenido relaciones sexuales consentidas e igualmente sufrido heridas.

Además, el relevamiento de testimonios e información, entre la que se incluyeron decenas de conversaciones y mensajes de texto del teléfono celular del víctima, permitieron una reconstrucción del caso que los imputados, representados por la defensora oficial María Laura Solari, utilizaron también para dar sus propias versiones del hecho.

La versión de la defensa

Según la versión de la defensa, Farías y Offidani habían conocido a Lucía Pérez un día antes de su muerte en la puerta de la Escuela Media N° 3 en la que ella estudiaba, ubicada sobre la avenida Juan B. Justo. La joven -y esto sí quedó probado en la causa- quería comprarles marihuana y por eso se reunió con el primero de los hombres en horas de la mañana siguiente, la del sábado 8 de octubre.

Lucía Pérez se tomó un colectivo y fue a la casa que alquilaba Farías en el barrio Alfar. Previamente, existieron mensajes de texto -figuran en el expediente- entre ambos en los que se podía vislumbrar una atracción de parte de los dos.

Según declaró luego el imputado, cuando llegó la joven tomaron mate, consumieron drogas y tuvieron sexo. En ese marco, ella se descompensó y él se asustó, por lo que llamó a su amigo Offidani quien a su vez se encontraba con Maciel, quien era su ayudante terapéutico debido a que se encontraba bajo tratamiento por adicción a los estupefacientes.

De acuerdo a las versiones de estos últimos, los tres trataron de reanimar a la joven y al ver que no reaccionaba la trasladaron a la sala de primeros auxilios, donde finalmente se constató que había muerto.

La investigación

La investigación del caso estuvo plagada de polémicas, acusaciones entre las partes y posicionamiento ideológico de periodistas en los medios de comunicación. Y hasta incluyó la separación del caso de la fiscal Sánchez, en el marco de innumerables cuestionamientos por su desempeño.

También hubo muchas marchas en reclamo de justicia y pedidos de excarcelación o, en su defecto, de arresto domiciliario de los imputados. El único que consiguió una morigeración y dejó la cárcel fue Maciel, quien llegará a juicio imputado por “encubrimiento”, delito menor al que se les adjudica a los otros dos acusados. A Offidani, en tanto, le negaron el beneficio pero le atenuaron la calificación por la que lo habían apuntado en el inicio de la causa.

El juez de Garantías, Gabriel Bombini, cuestionó el desarrollo de la pesquisa pero decidió elevar a debate oral el caso para que el hecho terminara por esclarecerse definitivamente ante un tribunal.

Así, Farías arribará al juicio que empieza el próximo 30 de octubre detenido por el delito de “abuso sexual seguido de muerte”. Offidani, en cambio, estará acusado de ser partícipe necesario de ese hecho, y no coautor como sospechaba al principio la fiscal Sánchez. Ahora, según las pruebas que se presenten, la declaración de los peritos y los testigos, y la gravitante interpretación de los jueces Facundo Gómez Urso, Aldo Carnevale y Pablo Viñas, podrían recibir las más altas condenas.

Pero también existe la posibilidad de que la defensa pueda probar su versión, y de esa forma, sólo les cabrían penas menores, lo que podría motivar un verdadero escándalo y la acumulación de severas críticas acerca del accionar de todos los actores judiciales que participaron del proceso durante dos años.

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