Pasaron seis meses de la última comunicación de los tripulantes del ARA San Juan. Para Marcela Moyano, el tiempo se detuvo ese 15 de noviembre. Hace 180 días que visita la Base Naval con la esperanza de que algo cambie, con el único deseo de reencontrarse con su esposo Hernán Rodríguez, el jefe de máquinas del submarino desaparecido.

Marcela cuenta el sufrimiento que arrastra día a día. Lo que vive en las noches que pasa en la Base, lo que sintió cuando escuchó la palabra “implosión” y los puñales que padece cuando llega a su casa y encuentra la ropa de Hernán y sus fotos con él. Mientras tanto, espera que se sepa la verdad. “Es una mezcla de sentimientos terrible. Cuando empezó todo esto, había un sentimiento de esperanza en mi caso. Nosotros los estábamos esperando y pensé que ellos venían. Fue pasando el tiempo y se fueron sumando otros sentimientos, como la incertidumbre, la impotencia y el dolor, que en estos seis meses es cada vez mayor”, explica en diálogo con Ahora Mar del Plata.

-¿Hubo un punto de inflexión cuando les informaron a los familiares que el submarino había sufrido una implosión?

-Sí, para mí ese día fue inolvidable. Veníamos con la esperanza de que ellos volvían y nos hablaron en la Base Naval de una implosión en un lugar de mucha profundidad. En mi estado de shock, pensé que estaban todos muertos y se me vino la imagen que estaban desintegrados en el mar. Pero como nunca aparecieron pruebas, nosotros volvimos a caer en la realidad, en que tenemos que insistir, porque queremos algo concreto. A seis meses, seguimos esperando algo concreto. Esperamos que contraten a esta empresa con la mayor tecnología para que los puedan encontrar. Mientras tanto, la luchamos día a día quedándonos en la Base Naval, tratando de llevar este tema de la mejor manera posible. Es difícil. Yo siento que no pasó tanto tiempo. Hace seis meses que mi vida está pausada, me cuesta proyectar, me cuesta seguir. Quiero saber la verdad, saber lo que pasó.

-En ese sentido, usted forma parte de las familias que se siguen quedando en la Base Naval.

-Sí, yo duermo todas las noches en la Base junto a la familia Vallejos. Somos un par de familias las que nos quedamos. También hay otros familiares que se quedan de día. Los familiares de Mar del Plata y los que están en los hoteles somos los que nos estamos organizando para quedarnos en la Base Naval, como una medida de sentimiento, de esperarlos, de que no se pare con la búsqueda y de poder llegar a la verdad. Ellos salieron por un trabajo el 25 de octubre de 2017 y no sabemos qué pasó. El 8 de noviembre zarparon para Mar del Plata, a partir del 16 de noviembre nos hablaron de una falta de comunicación y todavía estamos esperando saber lo que sucedió.

-¿Qué opinión tiene con respecto a la búsqueda?

-Como ciudadana y como mujer de Hernán, para mí se perdió mucho tiempo y no se le dio la importancia que se le tenía que haber dado. Es una emergencia nacional, se perdieron 44 personas que salieron en un submarino. El tiempo para nosotros es oro y los días iban pasando. Había que hacer trámites y llevar adelante estrategias, como la recompensa o la contratación directa. Todavía estamos esperando para saber qué empresa lo va a salir a buscar. Creo que no se ha tomado el compromiso que se tiene que tomar para buscarlo por parte del Gobierno. La cúpula de la Armada que estaba en el momento de esta tragedia también tiene que estar. Acá nadie se tiene que ir, porque las personas que estuvieron en el momento en que sucedió esto, también son responsables y están involucrados en esto. Ellos tienen que ayudarnos a encontrarlos.

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“NUNCA EN MI VIDA PENSÉ QUE PODÍA PASAR ESTO”

-¿Cuánto tiempo llevaba de relación con Hernán?

- Hace seis años que estamos con Hernán. No tenemos hijos en común. Vivíamos en Mendoza y hace tres años que nos vinimos a Mar del Plata. A mí me cuesta aceptar esta realidad. Mi vida cambió al 200%, se me vino el mundo encima y los proyectos que teníamos no sé dónde quedaron… El dolor tan grande que siento es ese. Llegar a casa, ver su ropa, sus fotos… Llega la noche y lo extraño, en los fines de semana lo extraño más… Es muy difícil esto. A todos los familiares nos cambió la vida por completo. Yo creo que solamente Dios nos está dando las fuerzas para poder sostener este dolor tan grande.

-¿Cómo convivían con los riesgos del mar? ¿Era algo que estaba presente?

-El submarino tiene mucho riesgo por el tema de la profundidad. Yo siempre le tuve mucho miedo, pero con Hernán mucho no lo hablábamos, porque ellos se tienen que cuidar mucho en expresar todas esas cosas. A lo mejor por el tema de no preocuparme no se tocaba el tema. Pero yo sentía miedo cuando él se iba a navegar. Después me mandaba un Whatsapp o me llamaba y volvía a respirar. Yo nunca pensé que podía pasar esta situación. Al principio creí que verdaderamente era un problema de comunicación. Pero nunca en mi vida pensé que podía pasar esto.

-¿Tenía conocimiento de las condiciones del submarino?

-Yo no sé cómo era esa situación, pero Hernán estaba en la parte de máquinas, de motores, y él al momento de programar una navegación tenía que tener todo en condiciones. Él tenía gente a cargo y pasaba nervios, porque se sabe cómo están las Fuerzas Armadas, con todo el desamparo que hay. Él a veces decía que no se encontraban los repuestos, que tenía que andar buscándolos para arreglar cualquier problema. Eso no era bueno para él, porque no la pasaba bien. Inclusive en el momento antes de esta última navegación, él estaba con gastroenteritis, muy nervioso y hasta le había agarrado algo en la piel. La preocupación grande que él tenía era el tema de la misión: no sabía bien la misión que iban a hacer y eran muchos días de navegación. Era mucho tiempo. Estuvieron 10 días para llegar a Ushuaia. No sé realmente lo que pasó, pero si hubo algún desperfecto creo que no les dio tiempo a ellos para solucionarlo porque, conociendo a Hernán y a sus compañeros, digo que son excelentes profesionales. Yo creo que el submarino habla y, si se encuentra, vamos a saber la verdad.

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