sábado 26 de noviembre de 2022

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En el último año la ropa de verano aumentó un 80%

La suba de precios internacionales de materias primas, una restricción de las importaciones y un aumento del costo financiero, generaron aumentos en la ropa.

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El último dato disponible del Indec de julio del 2022, reflejó un aumento de la ropa y el calzado de 8,5% respecto de junio, un incremento acumulado desde diciembre del 56,5% y un interanual del 96,7%, que superó el 100% en el Gran Buenos Aires (GBA). El dato de agosto seguramente esté suavizado por el sale, pero en septiembre pegará de lleno el ingreso de las prendas de primavera-verano, que según varias marcas consultadas cuestan, en promedio, 80% más que un año atrás, siendo esto una demostración mas de la grave crisis económica que vive el país en donde es cada vez mas difícil hacerse con productos que no sean un dolor de cabeza para el bolsillo del consumidor.

Los incrementos en este sector se generaron porque estuvieron paralizados durante la pandemia y luego comenzaron a recuperar márgenes, en un contexto en el que hay menos oferta por disminución de la mano de obra calificada, suba de precios internacionales de las materias primas, restricción de las importaciones, aumento del costo financiero y de todas las otras variables que inciden en la formación de los precios. Estos problemas, más que solucionarse, se fueron agravando y lo que empezaron a generar es una retracción de la demanda.

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Hay una retracción del consumo que se da por el desbarajuste económico. La suba del dólar, la inflación desatada, todo eso genera incertidumbre, lo que sumado a la crisis política hace que los consumidores se cuiden más. Además, la suba del dólar genera aumento de precios y cae el poder adquisitivo de la gente. Por otra parte, hay grandes problemas con los insumos para fabricar y hay cosas que no se pueden reemplazar; y como escasean materiales, todos se cubren y provocan en los precios. El consumidor cada vez tiene menos poder de compra y nosotros cada vez menos margen para bajar los precios”, se sinceró el empresario Marcelo Cantón, dueño de Mishka, una marca de calzado y de indumentaria.

A su vez, el dueño de una firma de ropa de niños coincidió con este panorama y enumeró una serie de factores que inciden en la suba de precios: aumento del costo de producción de las telas (porque faltan insumos importados) y tienen una demanda insatisfecha; la mano de obra, que estuvo retrasada durante la pandemia y muchos trabajadores del sector se volvieron a sus países -lo que hizo que los precios de los talleres se incrementaran fuertemente- y los otros gastos que acompañan, como los alquileres, el costo financiero, entre otros. A eso se le debe sumar el margen de ganancia de la marca.

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La falta de dólares y las consecuentes restricciones para importar generan complicaciones para producir, pero también para todas aquellas marcas que años anteriores ingresaban producto terminado del exterior. Según datos del sector, mientras que en 2017 por Aduana ingresaban USD 400 millones, por valijas entraban unos USD 3.000 millones. Hoy esos números son muy inferiores, creció el mercado interno y las marcas tienen mayor demanda. Pero a partir del mes pasado ese consumo empezó a aflojar, se sinceró el empresario de la indumentaria de niños, al agregar que la nueva temporada llega con incrementos de entre 70% y 80 por ciento.

En la discusión de los precios, mientras que para el rubro de indumentaria gran parte de la explicación de los aumentos radica en el costo de las telas y otros insumos, los textiles se defienden y aseguran que sus precios están regidos por el Índice de Precios Mayoristas (IPIM) y ese está más cerca de la inflación. Según Luciano Galfione, “una cosa es el segmento masivo, donde la industria tiene un peso mucho mayor, y otra el de marca, donde la incidencia en el precio final es mucho más baja y el valor de la prenda está dado por la importación y por la demanda”.

Galfione agregó que “hay un preconcepto en la Argentina de que es marginal lo que se importa de insumos en el sector, y eso no es así. El sector es muy dependiente de insumos importados, por lo que el hecho de que no haya acceso a las importaciones para producir distorsiona todos los precios. Y los que acceden a insumos lo hacen a un tipo de cambio muy alto”. En el sector no avizoran que este escenario cambie en el corto plazo y aseguran que muchas fábricas ya están produciendo menos a raíz de este problema.

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