El clima, el nuevo enemigo de Mar del Plata de cara a la temporada
Pasó la mitad de noviembre y el clima no acompaña a los planes de reposera, pelota y playa. Frente a los planes gubernamentales para imponer a Mar del Plata como la ciudad turística con mayor oferta de la Costa Atlántica, el cambio climático y los característicos vientos de la zona hacen que las múltiples ofertas de la ciudad queden en segundo plano

Cines, centros comerciales, restaurantes, teatros, espectáculos deportivos y recitales no pueden ser suficientes para un turista que busca descansar en la playa. Mar del Plata es la ciudad de la Costa Atlántica argentina que más variedad de ofertas para la recreación tiene. Pero el clima se está convirtiendo en el peor enemigo para propios y extraños que quieren disfrutar de “La Feliz”.

Pasó la mitad de noviembre y el clima no acompaña a los planes de reposera, pelota y playa. Frente a los planes gubernamentales para imponer a Mar del Plata como la ciudad turística con mayor oferta de la Costa Atlántica, el cambio climático y los característicos vientos de la zona hacen que las múltiples ofertas de la ciudad queden en segundo plano.

Durante años quisieron imponer que la temporada tenía tres meses. Con el correr del tiempo, el plato fuerte se dio en enero y en los fines de semana largo. El año pasado la temporada fue mala y no llegaron grandes caudales de turistas.

A pesar de que la gobernadora María Eugenia Vidal anunció una serie de beneficios para los que decidan venir a la ciudad y el Colegio de Martilleros y Corredores Públicos de Mar del Plata haya pedido que no aumenten los alquileres a comparación del año pasado, el rol del clima será fundamental para que los turistas elijan venir a la ciudad.

Además del frío y las constantes lluvias, hay otros dos factores que atentan contra la llegada de los turistas: la erosión de las playas y el abuso empresarial.

Según un estudio del Instituto de Geología de Costas y del Cuaternario de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Mar del Plata, en promedio entre 2015 y 1985 se registra un retroceso de 15 metros (0,5 metros por año) de costa. Sumado a esto, cada vez hay más carpas en las playas que evitan que las personas puedan circular libremente por la arena y que los que no puedan pagar un poco de sombra deban compartir pocos metros cuadrados.

Frente al clima no hay nada que se pueda hacer, pero frente a la erosión de las costas y la impunidad empresarial los gobernantes deben tomar medidas para que los marplatenses y turistas, motor fundamental para la economía local, puedan disfrutar de la costa. Pero mientras la gobernadora se abrace en los actos oficiales con un empresario que no quita las carpas de su balneario durante todo el año las cosas no cambiarán.