Tras el crimen de su esposa, Nora Dalmasso, en 2006, su esposo Marcelo Macarrón aceptó ser juzgado por un jurado popular. En el caso, pasó por distintos roles: fue el desconsolado viudo de la víctima, luego el padre del principal acusado, después acusador, más adelante asesino material y ahora presunto autor intelectual del asesinato de la mujer de 51 años en su casa del country Villa Golf de Río Cuarto.

El juicio sería en 2020 en la Cámara Primera del Crimen. “Las motivaciones para la fiscalía están claras: desavenencias matrimoniales y cuestiones económicas de la pareja, el o los sicarios acordaron el plan delictivo previamente con Macarrón y sus adláteres”, afirmó el fiscal Luis Pizarro en la elevación a juicio. También cree que el matador simuló un crimen de otra índole: por eso no usó arma y la estranguló, además de haberla violado.

Pizarro cree que él o los asesinos fueron profesionales y no eran de Córdoba. Retomó el móvil económico. Sospecha que Macarrón se anotó en un torneo de golf con sus amigos para que sea la coartada ideal. El destino quiso que mientras él celebraba el triunfo y la obtención de la copa, el asesino ahorcaba a Nora. Y que después recibía la noticia de que los hombres que habría contratado habían cumplido su trabajo. La versión del viudo es que se enteró del asesinato cuando volvía en auto hacia Río Cuarto. “Me bajé en la ruta, se me vino el mundo abajo”.

Según publicó Infobae, Macarrón ensayó una especie de desahogo y argumenta por qué quiere ser juzgado:

“Desde la muerte de mi esposa he venido atravesando un verdadero e interminable calvario como consecuencia de las características horrendas del hecho en sí mismo, del curso errático que ha tenido y aún tiene esta causa judicial, y, no menos, del inusitado, y en algunos casos malicioso, tratamiento mediático que ha tenido este proceso penal -tratamiento que resulta innecesario detallarlo y pormenorizarlo en este escrito ya que el mismo es y ha sido muy expuesto, principalmente, ante un amplio segmento de la sociedad local, la provincial e, incluso, la nacional”.

“Baste, simplemente, con la invitación al ejercicio intelectual de responder a la pregunta de qué y cómo se sentiría cualquier persona si su cónyuge es asesinado de una manera impiadosa, mediando, además, un ultrajante abuso sexual. Y si a ello se le suma que durante años, que vivencialmente fueron una eternidad, su propio y joven hijo sufrió la ignominia de haber sido sometido arbitrariamente a un proceso penal en el que luego de ser injustamente sindicado como autor de ese aberrante hecho, resultó sobreseído varios años después.”

“Y si, además, como viene sucediendo conmigo, quien fuera esposo de la víctima después debe soportar la afrenta de ser sometido a un proceso en el cual arbitrariamente un Fiscal de Instrucción, en una absurda imputación, le reprocha, primero, haber sido ‘autor’ de homicidio agravado, reproche penal que tiempo después el señor Fiscal interviniente transformó, con no menos arbitrariedad, en una imputación de igual gravedad pero con una hipótesis fáctica distinta no menos arbitraria”.

“Y si todo esto ha sido y es realizado en un contexto de inusitada exposición en los medios de comunicación, que no sólo abarcó la estricta información de lo que realmente ocurría en el curso de la investigación judicial, sino que, apartándose de una información veraz y objetiva, expuso en algunos casos, de las más diversas maneras y formas injuriosas y calumniosas, la vida privada de mis seres queridos. Por todo ello, luego de un profundo análisis de mis vivencias que atraparon la dolorosa experiencia del inmenso sufrimiento de mis seres queridos y el mío propio, he tomado la decisión de renunciar a la apelación, si se me permite la expresión, señor Fiscal de Instrucción, porque a una tragedia (el asesinato de mi esposa) se sumaron otras (como dije, primero la imputación de mi hijo Facundo y luego la persecución penal en mi contra) que he tenido y tengo que padecer”.

"Desde la muerte de mi esposa he venido atravesando un verdadero e interminable calvario como consecuencia de las características horrendas del hecho en sí mismo, del curso errático que ha tenido y aún tiene esta causa judicial, y, no menos, del inusitado, y en algunos casos malicioso, tratamiento mediático que ha tenido este proceso pena"

“(…) Es innegable que si bien en este proceso aún no he sido sometido al escarnio y humillación que supone la pena de banquillo -expresión acuñada en el mundo judicial y define aquellas situaciones en las que sin la suficiente prueba legal se lleva a juicio a una persona para que se siente en el banquillo de los acusados no obstante saberse de antemano que luego será absuelta por no existir los requisitos impuestos por las ley para condenarlo- lo cierto es que desde el mismo inicio del proceso mediático originado por esta causa y también como consecuencia de los gravísimos errores judiciales cometidos por distintos fiscales de instrucción intervinientes, lo cierto es que desde hace años vivo bajo la pena de la picota sin haber sido condenado y de hecho también desde hace largos años estoy sentado en el banquillo de los acusados”.

“La permanente e intensa humillación que desde años injustamente vivo y no obstante que mis defensores técnicos me han señalado las múltiples deficiencias que detenta el requerimiento fiscal de citación a juicio formulado en mi contra, lo que implicaría la posibilidad de nuevas instancias procesales siempre en etapa instructoria, me han decidido a no oponerme a la acusación a fin de que se realice cuanto antes mi enjuiciamiento a través de un debate oral, público y contradictorio, que permita arrojar luz sobre mi inocencia, reencausar la investigación hacia los verdaderos autores, partícipes y encubridores del crimen de mi esposa, Nora Raquel Dalmasso, permitiendo también con ese juicio público que la población conozca y controle la prueba que en realidad funda este proceso”.

"Luego de un profundo análisis de mis vivencias que atraparon la dolorosa experiencia del inmenso sufrimiento de mis seres queridos y el mío propio, he tomado la decisión de renunciar a la apelación"

“Mi defendido vivió el dolor todos estos años. No quiero que todo esto atente contra su salud”, dice Brito. Macarrón le dijo que quiere que el juicio sea cuanto antes. “Así buscan a los verdaderos asesinos. Durante este tiempo traté de seguir con mi vida, no quiero victimizarme, pero hasta acá llegué”, le dijo.

En su fuero íntimo está convencido de que sorteará el juicio y será declarado inocente, aunque enfrente una pena máxima de cadena perpetua. “Se pone en el centro de la escena, pero sabe que no se está inmolando ni apunta a ser un mártir. Es una manera de abrir el camino hacia la verdad”. “En su cabeza sigue el nombre de un sospechoso, desde hace años”, revela uno de sus abogados, enigmático.

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