El 29 de diciembre de 2017, el genocida Miguel Etchecolatz se instaló en Mar del Plata para cumplir la prisión domiciliaria, beneficio otorgado por los jueces José Martínez Sobrino, Julio Luis Panelo y Fernando Canero. La llegada del represor, que se instaló en el Bosque Peralta Ramos, fue un golpe de fin de año para los vecinos y para los militantes de Derechos Humanos de la ciudad.

Etchecolatz no tuvo paz en la ciudad. Se organizaron masivas marchas que recorrieron las calles en repudio a su estadía. “La única casa para un genocida es la cárcel”, fue el lema que se hizo eco en cada rincón del Bosque.

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Fue muy fuerte el repudio que generó la prisión domiciliaria a Etchecolatz. Y los marplatenses lo expresaron con contundencia. Fueron casi tres meses de movilizaciones contra el ex comisario, que el 20 de enero salió de su casa para revisarse en una clínica, lo que generó indignación en los distintos organismos de Derechos Humanos.

Etchecolatz inició el 2018 en su casa y lo termina en la cárcel de Ezeiza.La Cámara de Casación Federal decidió revocar el beneficio de la prisión domiciliaria. La madrugada del sábado 17 marzo fue la última de Etchecolatz en Mar del Plata. Ese día, abandonó su casa poco antes de las 6 en un móvil del Servicio Penitenciario Federal. Vecinos y militantes de derechos humanos presenciaron la escena. "A donde vayan los iremos a buscar", fue el último cántico que escuchó el genocida antes de quedar tras las rejas.

traslado etchecolatz a la carcel

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