Esteban Alejandro García Rebolledo sabía que si rompía los barrotes de la ventana de su celda, ubicada en el segundo piso de la sede de la Policía Federal, tenía una posibilidad de libertad. Ya lo había logrado antes dos veces: una en Chile, su país natal y durante un terremoto, y la otra en Misiones, cerca de la frontera con Paraguay.

La historia del "escapista trasandino" se conoció en las últimas horas en Mar del Plata, después de que los uniformados lograran atraparlo en la zona sur de la ciudad. Más precisamente, fue en Hernandarias y Magnasco, donde cayó luego de tres días prófugo.

¿Pero cómo llegó García Rebolledo a burlar a los federales marplatenses? La información exclusiva a la que accedió Telediario, el noticiero de Canal Diez, da cuenta de que se trata de un delincuente que había sido detenido por pedido de la Interpol, el 17 de abril pasado. Según sus palabras, el domicilio de su residencia era French 10.580, aunque los investigadores pudieron conocer su derrotero hasta llegar allí.

De acuerdo al informe, García Rebolledo estuvo detenido en Chile, país del que es oriundo, y logró escapar de la cárcel minutos después de un terremoto, aprovechando la conmoción generada. Los motivos por los cuales se hallaba privado de su libertad se desconocen. Pero sí se supo que, al huir de su lugar de origen, llegó a la Argentina. Más precisamente, a Misiones, donde protagonizaría luego una nueva fuga. La segunda.

Los uniformados que custodian la frontera detectaron a García Rebolledo intentando escapar hacia Paraguay. Sobre él pesaba, ya para entonces, un pedido de captura internacional que incluía alertas rojas. Y por eso lo recapturaron. Pero "el escapista" no se rindió.

Con una maniobra sorpresiva, pudo fugarse también de la policía misionera, y recaló en Mar del Plata. Las características de su detención en esta ciudad, con vistas a su extradición definitiva a Chile, tampoco trascendieron demasiado, pero sí lo hicieron las de su nueva huida: la tercera en muy poco tiempo.

Eran las 22.30 del último lunes cuando los cuatro reclusos -García Rebolledo, otros dos hombres, y una mujer que se encuentra en una celda lindante- recibían la cena dentro de los calabozos ubicados en Sarmiento 2551. Después de la comida, no precisamente un banquete, todo parecía en calma hasta que a las 2 un cabo de la Policía Federal escuchó que los internos hablaban. Sólo eso. No le pareció extraño.

Sin embargo, a las 6 de la mañana del martes otro uniformado descubrió que uno de los presos se había fugado: García Rebolledo. ¿Cómo? Tras romper -aún se desconoce el modo- los barrotes de una ventana de la celda. La misma da al exterior y está más de 3 metros y medio de altura.

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Los investigadores que reconstruyeron el caso supieron entonces que "el escapista" chileno había logrado saltar desde el orificio hacia un equipo de aire acondicionado colocado en una pared interna, y luego hacia el piso. En la fuga sufrió varias heridas sangrantes, además de algunos golpes, pero sobrevivió.

De inmediato, el juez federal Santiago Inchausti recibió la novedad del nuevo escape y ordenó su búsqueda inmediata. También desde la Jefatura de la Policía Federal en la ciudad se inició un sumario interno con la consideración de la posibilidad de pasar a disponibilidad a once efectivos que tenían a su cargo la custodia de los reclusos.

"Eso sería terrible. La Federal casi no tiene gente en Mar del Plata: imaginate si echan a los pocos que están", dijo una fuente muy cercana al caso.

Lo cierto es que García Rebolledo fue recapturado en la madrugada de este viernes en el sur de la ciudad y sobre él se extiende ahora una vigilancia hermética. Y en simultáneo crece la ansiedad de los uniformados porque se consume su extradición. Ya no es un secreto su expertiz.

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