Dos hechos relacionados al fútbol nos han dejado expuestos nuevamente como sociedad: la pantomima de los "hinchas neutrales" en Mar del Plata y la decisión de Estudiantes de La Plata de echar a un entrenador por un comentario de dudosa veracidad, escrito en una red social hace varios años.

Vamos por partes. La pausa de 15 días en el torneo de Primera división del fútbol argentino, por los amistosos FIFA que jugó la Selección, iba a servir supuestamente para ordenar un poco las cosas. Se sabe, Boca y River -principalmente- se están disputando el título, por lo que cada detalle organizativo es peleado intensamente en las oficinas de la AFA.

Una de las cuestiones era, por ejemplo, la definición de los días y los horarios de los últimos tres partidos de cada equipo. Finalmente, Boca se salió con la suya y logró jugar el sábado en Mar del Plata, ante Aldosivi. Hasta ahí, no hay grandes problemas. Pero el segundo problema que si causó polémica, y más fuerte, se generó entre los clubes, el Gobierno y el Aprevide, por la presencia de hinchas visitantes en "La Feliz".

Resulta que las autoridades estatales, aquejadas por otras situaciones y delitos mucho más complejos como los secuestros y los crímenes ocurridos en Lomas de Zamora, se tomaron su tiempo para decidir. Y cuando todo parecía que iba a resolverse en favor de los pedidos del "Tiburón" (que quería los visitantes para recaudar) y el "Xeneize" (que quería a sus hinchas -y a los barras- en la cancha para calmar los ánimos y las críticas en los últimos partidos del campeonato), el ministro Cristian Ritondo dio un giro inesperado y le bajó el pulgar a la iniciativa, incluso previendo que en el público local se podría "infiltrar" la gente de Boca y, ante alguna provocación de uno y otro lado, las cosas empeorarían aún más que si hubiera existido previsión real.

"No podemos garantizar seguridad en el traslado de los hinchas por la ruta 2", explicó el funcionario. He aquí la primera "bananeada", si se permite el término. Lo que no pueden garantizar es la custodio de los "barrabravas", que no son otra cosa que delincuentes. Claro, por lo bajo se decía que el Gobierno lo que menos necesita a semanas de las elecciones es muertos o desmanes que pueden evitarse.

Hasta ahí, las decisiones parecen entendibles. Medianamente razonables. Ahora, lo que agrava la demagogia y la payasada es que, mientras se definía todo eso, en Bahía Blanca los "hinchas neutrales" agotaban las entradas para Olimpo-Boca, un partido posterior al de Mar del Plata. ¿Y acaso en ese escenario no podía haber desmanes? ¿Cuál es el criterio a la hora de decidir? ¿Con ese partido se "durmieron" los del Gobierno? No se sabe. Lo cierto es que más fácil sería garantizar un operativo de seguridad adecuado, como ocurre en el verano y durante la Copa Argentina, para que vayan visitantes a los estadios. ¿O en esos torneos son extraterrestres los que lo hacen? No, son literalmente los mismos. ¡Probablemente son las mismas personas! Lo que se necesita, lo que nos debemos, de una vez por todas, es hacer las cosas de la única manera en la que pueden dar resultados satisfactorios: bien.

Enojada por la decisión de la Provincia, y decidida a recaudar como fuera, la dirigencia de Aldosivi, aliada con la del club de la Ribera, decidió vender más entradas de lo normal para que en el Minella también hubiera "hinchas neutrales". Desoyendo las advertencias de la seguridad, sacaron a la venta los tickets por Internet. Pero cualquiera que levante el teléfono, y llame a alguna peña de Boca, puede conseguir plateas "neutrales" para el encuentro sin necesidad de perder el tiempo. Inverosímil. Y si esto es así, ¿qué hace pensar que los "barras" no tendrán entradas y no viajarán igual por la ruta a Mar del Plata? No es serio.

Además, las populares para ese mismo "tipo" de simpatizante -"los neutrales"- no se expenderán. ¡Ese sector en la cancha estará cerrado! Y si alguno lleva prendas con colores de Boca la policía no lo dejará entrar al estadio. O sea, los hinchas no podrán ir a la popular, harán de cuenta que no son de Boca (supuestamente, porque una vez dentro, la masa es incontrolable), pero todo el mundo libre sabrá que eso es una gran pantomima creada por incapaces, para complicar cosas que debieran ser más simples en una sociedad civilizada. Así no se soluciona nada, no hace falta ser un esclarecido para darse cuenta.

Y además los precios... ¡Exorbitantes! 1.200 o 1.600 pesos cuesta una platea, descubierta o cubierta. En una de esas, algunos hinchas rechacen tanto manoseo y descarten ir a la cancha, a pesar de que ahora existe la posibilidad de asistir. De seguro serán minoría. Se convertirán, por voluntad propia o ajena (económica), en los pocos que evitarán retroalimentar un sistema en el que todos hacen oídos sordos, miran para otro lado, se desentienden. En realidad, lo que no entendemos es que nos tomamos el pelo a nosotros mismos, una y otra vez. Y luego, cuando las cosas salen mal, buscamos culpables. Nada de introspección y autocrítica, porque no queremos aceptar que nada bueno puede ocurrir en una sociedad cuyos integrantes no se hacen cargo de sus propias decisiones.

Algo distinto, pero directamente relacionado a la locura y la contradicción ilimitada ocurrió en Estudiantes de La Plata, donde un grupo de personas que -por más amor que le tenga al club- evidentemente no tiene nada que hacer porque organizó una marcha a la sede de la institución por un comentario de... ¡Twitter! que encima es viejo y de dudosa veracidad. Ni siquiera para apoyar al equipo, legitimar una medida trascendental o cuestionar otra grave realmente.

Todo derivó en la expulsión del sujeto cuestionado y el llanto del ícono del club, Juan Sebastián Verón, que, con aciertos, errores, buenas decisiones y desmanejos por comportamientos a veces algo discrecionales y poco consensuados, es el último de los íconos del club. Guste o no, se trata del responsable del salto de calidad que el "Pincha" dio hace una década.

"Somos una sociedad enferma", dijo el presidente y ex capitán del equipo. Y en eso tiene razón: un país culturalmente devastado no puede dejar de ser "bananero" si lo único que continúa importándole a sus ciudadanos es la banana.

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