Por Mariano Albarenga

El 29 de diciembre del año pasado los concejales de General Pueyrredon le dieron un tratamiento express al expediente que solicitaba un aumento en el precio del boleto de colectivo y en menos de dos jornadas el pedido de los empresarios del transporte pasó dos comisiones y fue aprobado en el recinto. Desde ese entonces el boleto cuesta $7,97.

Pero no todos los expedientes tienen la suerte de ser analizados con brevedad por los concejales. Hay proyectos de ordenanzas que están cajoneados hace meses y otros que quedaron en el olvido.

Muchas veces los expedientes se demoran en ser analizados porque los ediles piden que se realicen distintos tipos de estudios. Ya sean económicos, de suelo, de impacto ambiental y de distintas variables a analizar. El problema es que algunos concejales, sobre todo cuando cuentan con mayoría dentro de la comisión, utilizan este recurso para trabar distintas ordenanzas.

Además, en este último año hubo un período donde no se sesionó dentro del recinto durante más de 50 días. Entre las vacaciones de invierno y las PASO, no se trataron decenas de expedientes porque muchos de los políticos estaban en campaña, haciendo viajes de recreación o yendo a Buenos Aires por el armado de listas.

Por ejemplo, este jueves se aprobaron la construcción de 16 plazas, el traslado de los feriantes de la Plaza Rochaa la zona de la Terminal y los familiares de las víctimas del Repunte pudieron utilizar la banca 25, cuando la habían solicitado hace casi tres meses.

Después empiezan a jugar los intereses políticos de quienes tienen la mayoría. El intendente Carlos Arroyo no supo cómo aprovechar la mayoría que tiene Cambiemos. Debido a problemas internos, en su mayoría con el ala radical del oficialismo, no pudo aprobar algunos proyectos clave a pesar de contar, en la teoría, con los votos necesarios.

Esta semana, el jefe comunal volvió a la carga con un expediente que se le viene negando hace más de un año: las fotomultas. El proyecto está trabado en la comisión de Legislación por las serias irregularidades que tiene. Pero Arroyo le pidió a sus concejales que avancen con el tratamiento para que el expediente sea aprobado antes del verano (anhelo que tenía durante la temporada pasada y no pudo cumplir).

El problema del intendente sigue siendo el mismo, no cuenta con el apoyo de varios radicales pero sabe que si en octubre la lista de Cambiemos mantiene el mismo caudal de votos que sacó en las PASO, el oficialismo podrá aprobar el proyecto. La mala noticia para el jefe comunal es que la renovación de bancas se daría comenzando el verano y el sistema no podría estar en funcionamiento cuando arribe el caudal más grande de turistas a la ciudad.

Lo que queda claro es que el Concejo Deliberante de la ciudad puede ser influenciado por las mayorías políticas, por los intereses económicos, por las vacaciones de los ediles, por el armado de las listas y las elecciones. Un recinto que cada vez es más manejable que honorable.

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