Como todos los martes el marplatense Juan Manuel Mendez fue a hacer tiempo a un café con su pequeña hija. Lo que no se imaginó fue que ese mismo martes le iba a cambiar el día a un chico en situación de calle.

“Hoy como todos los martes a la salida del jardín fuimos con Emi al kiosko y luego a tomarnos un cafecito juntos para hacer tiempo para ir a Taller De Arte. Contrariamente a lo que hacemos siempre Emi me pidió de ir a Adorado de Alem y Formosa. Cuando volvíamos del Kiosko un chico (adolescente) me ofreció unos pañuelos de papel para que le compre y yo con esa capacidad burguesa de mirar para el costado le dije no puedo y seguí caminando. Me agradeció, no de forma socarrona ni irónica sino muy respetuosamente. Recorrimos los pocos metros que nos separaban del lugar donde elegimos sentarnos y el chico estaba allí donde nos ofreció los pañuelos”, relata el hombre.

Con un poco de remordimiento por su forma de actuar, decidió cambiar las cosas. “Empecé a sentir que mi actitud para con él no había sido buena o al menos la ideal así que decidí llamarlo, cuando se acercó le pregunté si quería comer algo y me dijo que sí, le pregunté qué era lo que le gustaba y me contestó ‘lo que usted diga jefe’. Me quedé pensando y le pedí a uno de los chicos que le pidiera a la camarera que agregue un tostado al pedido. Mientras esperaba me di vuelta y lo vi sentado en la vereda esperando. Hablé con Emilia y le pregunté si quería invitarlo a sentarse con nosotros y me dijo que sí. Apenas se sentó Emilia le ofreció el vaso de agua que acompañaba la lágrima tibia que siempre se toma”.

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La historia de Kevin

“Lo llamamos y le preguntamos el nombre, se llama Kevin y tiene 17 años. Aceptó la invitación y se sentó con nosotros. Nos contó que es de Buenos Aires y que es el menor de ocho hermanos, y que vino caminando hasta Mar del Plata, buscando por un lado una oportunidad que le permita trabajar y por otro lado escapando de una realidad dura que indefectiblemente lo iba a llevar a la cárcel o al cajón por la junta con sus hermanos que andaban en cosas feas. También nos contó que jugó al rugby de chico en Virreyes y que los padres no pudieron llevarlo más y el era muy chico como para saber el camino y llegar al lugar. Textuales palabras ‘me perdí un re futuro ahí’”, contó.

Y agregó: “Nos dijo que con lo que saca de los pañuelos puede pagarse un hotel para dormir y le queda algo para comer, que cuando llegó a mediados de septiembre dormía en la calle junto a otros compañeros y que en uno de esos primeros días le robaron el bolso con ropa, los pañuelos que tenía para vender y su DNI y partida de nacimiento. Que al intentar hacer la denuncia, más que nada por la partida y el DNI la policía le dijo que al estar en situación de calle no podía hacer ninguna denuncia. Que estuvo dos semanas en minoridad y que no quiere tener ningún altercado porque no quisiera pasar ni un solo día más ahí. Le compramos unos pañuelos para ayudarle a juntar para el hotel de hoy al menos. Le traen el tostado y el mozo lejos de tener algún gesto de rechazo hacia su presencia le da una palmada en la espalda como diciéndole "es tu día de suerte". Punto para el mozo!!!”.

“Tratando de contener la angustia que me provocaba su historia me doy cuenta que no pudo comer más que 1/4 del tostado porque o bien su estomago lo tenía totalmente cerrado o bien porque estaba "dosificando" la comida para pasar la noche. Me mira y me dice si podía pedir una bolsa para llevarlo. Le hago seña a la camarera y viene con la cuenta y la bolsita sin que la pidiera, Kevin guarda su tostado y sigue, nos damos la mano y le decimos que los martes a las 5 solemos ir ahí que si quiere su lugar en nuestra mesa está asegurado. Miro la cuenta y había un descuento importante, cuando viene la moza me dice que el descuento era por haber invitado a Kevin a compartir la mesa. Le dije que no hacía falta y me contestó 'no hay mucha gente que haga lo que usted hizo' y me rogó 'no cambie nunca señor'. No pude más y me largué a llorar mientras Emilia me abrazaba y me secaba las lágrimas demostrándome que sabía exactamente lo que estaba pasando. Nos fuimos y en el camino al auto me dijo que iba a recordar el nombre Kevin para que cuando lo vea un día iba a pedir ayudarlo”, sostuvo.

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