La leyenda cuenta que la droga nunca pasaba por las manos de "Cocón". Que cada vez que usaba un celular lo tiraba a la basura para no quedar pegado en escuchas telefónicas. Que llegó a traer 250 kilos de cocaína por semana a Mar del Plata. Que tenía protección policial. Que "si un cliente no le pagaba lo llevaba a la playa y le metía la cabeza adentro del mar".

"Cocón" es el apodo de Sergio Víctor Sala (44), "el mito de la droga" como lo llaman en la ciudad. Su nombre aparecía en más de diez expedientes, pero las causas no avanzaban pese a que procesados y arrepentidos lo señalaban ante la Justicia: "La droga es de Cocón". Hasta que en marzo de 2019 fue detenido durante un operativo bautizado como "Poseidón".

Sala, líder de la mayor banda narco de Mar del Plata, irá a juicio ante el Tribunal Oral Federal. Está acusado de ser el cabecilla de una organización que se dedicó durante más de una década al narcotráfico y lavado de activos. En el banquillo de los acusados también se sentarán dos de sus hermanas, su pareja y su ex pareja.

El juez federal Santiago Inchausti cerró la investigación que la fiscal federal Laura Mazzaferri llevó adelante junto a Diego Iglesias, a cargo de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar). La causa tiene once acusados de conformar una asociación ilícita que vendía droga y volcaba las ganancias ilícitas obtenidas al mercado formal a través de la compra de vehículos y propiedades, entre otras maniobras. Además de los 48 vehículos secuestrados, se dispuso el embargo preventivo con fines de decomiso de quince inmuebles, muchos de ellos de gran valor económico y de importancia en materia de recupero de activos en la justicia federal marplatense.

"Cocón" fue piloto y múltiple campeón en la categoría Promocional del Atlántico. Un detalle comenzó a levantar sospechas: no tenía publicidad en su auto, salvo la de su concesionaria Mundo Car (Colón al 5100) y su firma Panquequera La Redonda. Hay versiones que indican que llegó a transportar droga en sus autos de carrera en los viajes a las ciudades donde se disputaban las competencias. "Todo lo que se hablaba sobre Cocón agigantaba el mito", dicen fuentes judiciales.

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Sala era la cabeza de una organización conformada por familiares y allegados de su círculo íntimo. "Se manejaba con gente de confianza", cuentan los investigadores. El líder de la banda no dejaba detalles librados al azar y se movía con tanta prudencia que en la Justicia nunca pudieron intervenirle un teléfono.

A través de la distribución de roles y capacidad para articular acciones, la banda habría desarrollado maniobras de tráfico ilegal nacional y trasnacional de estupefacientes y el lavado de activos desde abril de 2008 y hasta su desbaratamiento en marzo de 2019. Hay personas que sin haber compuesto la estructura de la organización, habrían intervenido en alguna de las maniobras, al prestar su nombre para simular operaciones o brindando algún otro aporte específico.

Según se desprende de la investigación, la banda traía la cocaína -y eventualmente otras sustancias, como éxtasis- desde el conurbano de la provincia de Buenos Aires o desde el norte del país, a través del vínculo que mantenía con otra organización criminal liderada por Gustavo Sancho. La droga era luego transportada hasta Mar del Plata y la distribuían aquí y en localidades de la zona.

La organización también contrabandeaba cocaína fuera de las fronteras del país, con destino a España. ¿Cómo lo hacían? Empleaban distintas formas de ocultamiento como la utilización de personas que llevaban la droga entre sus ropas -denominadas comúnmente “mulas”-, o bien mediante el envío de piezas postales. En cualquiera de los casos, los estupefacientes eran recibidos por personas que integraban la organización, con domicilio en el país de destino. Estas maniobras fueron no sólo advertidas por medio de once expedientes judiciales incorporados a la causa que dan cuenta de la vinculación con la organización investigada, sino también por las tareas de campo, intervenciones telefónicas y listado de movimientos migratorios, entre otras tareas.

Entre las causas anexadas hay una condena por contrabando de un hombre que tenía vinculación con Sala y su taller mecánico; la detención de un hombre en el aeropuerto de Ezeiza con 1250 gramos de cocaína, quien dijo que fue el propio acusado quien le proveyó la droga, como también lo revelaron otras personas detenidas con más de cuatro kilos de cocaína que era transportada a Bahía Blanca. Y son varias las investigaciones que tramitan en el fuero ordinario y federal de Mar del Plata de bandas que eran proveídas por el propio Sala.

Los elementos reunidos en la causa permiten al Ministerio Público Fiscal visualizar el control del mercado ilegal de droga que tenía Sala en Mar del Plata y la zona. Incluso, un hombre que prestó declaración como arrepentido en la justicia federal de Bahía Blanca lo señaló como el principal distribuidor de estupefacientes de la ciudad y hasta mencionó que comercializaba cocaína de gran pureza, que luego era transformada al doble o triple de su pesaje con distintos materiales de corte.

Una causa relevante que se vincula a la organización tramita en el Juzgado Federal Criminal y Correccional de Primera Instancia de San Isidro, cuyos dos principales acusados tienen una vinculación directa con esta banda. Uno de ellos estaba el 30 de octubre de 2018 junto a Sala, acusado de ser el jefe de esta asociación ilícita, cuando fue detenido en un shopping porteño, luego de estar prófugo de la justicia durante un año. El otro estuvo vinculado a un inmueble donde residió Sala y al taller que tenía sobre la avenida Tejedor; e incluso en períodos similares, habrían sufrido el secuestro de familiares directos, vinculados a las actividades de narcotráfico que se les atribuyen.

El beneficio económico obtenido del tráfico de drogas fue colocado por los distintos miembros de la organización en el mercado formal, a través de operaciones comerciales y actividades de fachada que permitieran ocultar el origen ilícito del dinero. Entre las maniobras desplegadas estaba, principalmente, la adquisición de inmuebles y de autos de alta gama, de competición, vehículos antiguos, cuatriciclos y motos de agua, para lo cual los vendedores mantenían su titularidad registral pero entregaban a los integrantes de la organización toda la documentación del bien, o registraban tales bienes a nombre de terceras personas que actuaban como testaferros.

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En un número importante en materia de recupero de activos, fueron identificados y embargados con fines de decomiso 15 inmuebles que la banda habría adquirido con el dinero de las maniobras de narcotráfico, sobre los cuales realizaban actos de administración, mejoras o desarrollaban construcciones, a pesar de que en algunos casos ocultaban su propiedad real bajo una titularidad dominial aparente. Doce de los inmuebles están situados en Mar del Plata, dos en el partido de Mar Chiquita y el restante en Pinamar.

En los allanamientos realizados el 27 de marzo de 2019 se había secuestrado además de los vehículos, más de un millón de pesos y casi 31 mil dólares, una escopeta y 27 teléfonos celulares, entre otros elementos. Tras el análisis de la documentación recolectada y el resultado de los procedimientos, se dispuso el secuestro preventivo con fines de decomiso de 48 vehículos que fueron considerados como parte de las maniobras de lavado de activos desarrolladas por la organización criminal.

Otra modalidad que desarrollaron algunos de los integrantes de la banda fue utilizar tarjetas de crédito para adquirir bienes, muchos de ellos de alto valor, cuyos saldos eran abonados con dinero proveniente de las actividades ilícitas. También se crearon sociedades y hasta una agencia de autos, ubicada sobre la avenida Colón, que funcionaba como la principal pantalla para canalizar el dinero obtenido del tráfico de drogas. De hecho, ninguna de las personas que integraban la organización tenía una actividad lícita declarada ante la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) que justifique el patrimonio real que detentaban en inmuebles, autos y gastos en general.

Sala, junto a una de sus ex parejas, está acusado también de haber transportado en un momento no determinado -pero comprendido entre julio de 2017 y enero de 2018- unos 1600 gramos de metanfetamina a bordo de una camioneta Fiat Strada, que según la División Laboratorio Científico de la Policía Federal Argentina serviría para producir entre 15 mil y 20 mil dosis de éxtasis.

Fue encontrada en la guantera del vehículo y debajo de las bolsas con estupefacientes había una llave de la camioneta. El vehículo había sido denunciado como robado por una ex pareja de Sala en enero de 2018, pero llamativamente fue encontrado en julio del mismo año en la vía pública, cerrado, sin daños y en buen estado de conservación.

“Ello no hace más que confirmar la hipótesis de que el vehículo fue utilizado para realizar una modalidad de maniobra de tráfico de estupefacientes que consiste en ‘…cargar el vehículo, pactar un lugar para dejarlo y que luego, la otra parte de la organización lo retira de ese lugar. Haciendo esto las partes no llegan a tener un contacto directo entre sí, y es muy posible que luego de un tiempo prudencial, más precisamente después de descargar el vehículo se lo denuncie como robado…’”, según se desprende de la investigación.

La camioneta había sido adquirida por Sala, por intermedio de su cuñado -quien estaba al frente de la agencia de autos-. Y si bien intentó deslindar su responsabilidad en el hecho, al aducir que había sido vendida a su ex pareja y con causa, la investigación dio por acreditado que los vehículos pertenecían a la organización criminal.

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