A casi 4 meses de la desaparición del submarino ARA San Juan, el dolor de Roberto Krawczyk es tan grande como el orgullo que siente por su hermana Eliana, la primera oficial submarinista de la historia argentina. Ella, a los 35 años, fue la única mujer que integró la tripulación que aún permanece desaparecida. “Nosotros perdimos a la mejor. El país perdió a la primera submarinista y nosotros perdimos a la mejor hermana”, explica Roberto, desde Oberá (Misiones), en diálogo con Ahora Mar del Plata.

“Al poco tiempo que pasó esto yo me quería ir a la mierda, me quería ir del país. Esto no es algo que pasó y ya está. El dolor crece día a día”, confiesa este padre de familia, 10 años mayor que Eliana. Esa diferencia de edad le permitía a Roberto aconsejar a su hermana. Pero según él, ella siempre hizo lo que quiso. “Cuando tomaba una decisión, no miraba para el costado. Siempre se manejó con lo que le dictaba su corazón. A pesar de que yo le dije millones de veces que el tema del submarino no era fácil, más para una mujer. Pero ella siempre me convencía de que era muy seguro, de que andaba todo bien. Y bueno…es una lástima lo que pasó”.

-¿Le decías que no te gustaba que se suba al submarino?

-Claro. Además, la primera vez que fui a Mar del Plata vi ese submarnino y me dio escalofríos. Nunca lo pasé. Me pareció una porquería.

-¿Por qué?

-Y… la primera vez que lo volví estaba todo oxidado, lleno de camarones y de ostras al costado. Era muy viejo, nunca me convenció. Es como cuando mirás un auto para comprar y no te convence. Era así.

-¿Ellá qué te decía para convencerte?

-Es que discutíamos a veces por eso. Ella decía que yo no tenía idea de lo que era ese submarino, que andaba re bien, que estaba todo en condiciones y en regla. Y que a ella le gustaba.

-¿Cómo fue el proceso de ella cuando se vino desde Oberá para estudiar en Mar del Plata?

- De entrada vivía en la Base, porque no había plata para alquilar un departamento. Comía en la base y con la platita que le daba la hermana solventaba sus gastos. Ella sufrió mucho para llegar a donde llegó. Nosotros somos una familia de laburantes, de clase media.

-O sea que vivía con lo justo, con lo que le daba la familia…

-Sí, con lo poco que podíamos ayudarla. Aparte, al poco tiempo que fue para allá se juntó con mi otra hermana, que está en la marina mercante. Entre las dos se ayudaban y se recibieron. Después Eliana vivía cerca del centro, en un edificio de la Armada (NdeR: En Hipólito Yrigoyen y 3 de Febrero), y caminaba 5 kilómetros todos los días hasta la Base Naval. Yo comprobé la distancia cuando estuve en Mar del Plata hace poco, en esas reuniones que hacían para los familiares. Controlé con el GPS de mi teléfono.

-¿Se quedó siempre en ese edificio?

-No. De ahí se fue porque no aguantó los malos tratos. En ese edificio hay muchos jerárquicos de la Armada y le hacían la vida imposible. Hasta que ella sacó un crédito en el banco y compró un departamento. Ella decía que el departamento que se compró sobre la calle Corrientes fue la mayor alegría de su vida. Lo compró hace cuatro años.

-¿Tu familia ya tenía algún tipo de antecedente en la Armada o con alguna actividad relacionada al mar?

-No, la única relación es que mis abuelos vinieron de Polonia en barco y a toda la familia nos gusta el río, el mar y navegar.

-¿Eliana los solía ir a visitar a Oberá?

-Uhh sí. Mirá, cuando fue el cumpleaños de 15 de mi hija, ella se vino directamente. Era mucho viaje, pero ella no lo dudó y estuvo tres o cuatro días con nosotros. No le importó todo el traqueteo que tenía que hacer.

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Eliana, Roberto y Angélica, en la fiesta de 15.
Eliana, Roberto y Angélica, en la fiesta de 15.

“SU META ERA SER LA CAPITANA DEL SUBMARINO"

-Cuando se vino a Mar del Plata a estudiar, ¿Eliana era consciente de que iba a ser la primera oficial submarinista?

-Sí, ella estaba muy consciente de eso. Es más: la meta de ella era ascender a capitán de navío. Le faltaban 3 años para recibirse. La meta de ella era ser la capitana del submarino.

-¿Qué te contaba de la experiencia de ser la única mujer en el submarino?

-Lo que yo más recuerdo es que ella siempre rescató la camaradería que había, la buena relación con sus compañeros. Yo siempre le preguntaba y ella me decía que estaba bien cuidada, que se llevaban muy bien. Nunca me habló de ninguna pelea. Eso me tranquilizaba, más allá de que nunca me cerró lo del submarino. Nunca me habló mal de ningún compañero.

-Por lo que contás, no era alguien a quien se podía convencer fácilmente para cambiar de opinión…

-No. Cuando se le metía algo en la cabeza, no había forma de sacárselo. Lo mismo con esos perros (se ríe). Íbamos a Mar del Plata con mi señora y las nenas y en la cama grande dormían mi señora, Eliana, mis dos nenas y los dos perros.

-¿Tenía dos perros en el departamento?

-Sí. Y guarda con tocarle los perros o decirle algo de los perros… Se enojaba enseguida. Yo le llevaba algunas cajas y le decía: “Con esto les vamos a hacer una cucha”. Y ella no quería saber nada. Los perros dormían en la cama. Ella siempre decía que el amor más puro es el que dan los animales.

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