A poco de cumplirse un mes de la sentencia con altas penas de prisión para los jefes de Los Monos, uno de los principales brazos armados de Pablo Escobar Gaviria (el sanguinario capo narco colombiano asesinado en diciembre de 2003 en Medellín), expresó su apoyo hacia la familia apuntada como cabeza de la famosa banda delictiva radicada en la zona sur de Rosario.

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La grabación -de 40 segundos- es apenas más extensa que otra casi idéntica también difundida en las últimas horas con el saludo de Jhon Jairo Velásquez Vásquez (56) a la barra brava de Vélez Sarsfield.

La coreografía se repite con exactitud en ambos casos por parte de quien consiguió impacto mediático más allá del país caribeño el año pasado, cuando Netflix estrenó una polémica serie basada en el libro sobre su historia como asesino al servicio del cartel de Medellín.

“Sobreviví a 23 años y 3 meses en las prisiones más duras de la República de Colombia, inclusive habiendo guerra dentro de la prisión. Gracias a Dios, sobreviví a todo esto y hoy les puedo enviar todo mi cariño y respeto”, destacó el “asesino de confianza” del célebre narcotraficante.

Al igual que en la filmación dedicada a "La Pandilla" de Liniers, “Popeye” se presenta mostrando los tatuajes de sus antebrazos y señalando hacia el piso con su mano derecha para apuntar que habla “desde las calles de Medellín, las mismas que pisó” el mafioso colombiano para el cual dijo haber cometido más de 300 crímenes.

El pasado 9 de abril, Ariel Máximo “Guille” Cantero fue condenado a 22 años de prisión como jefe de la asociación ilícita que la Justicia rosarina investigó a partir del asesinato de su hermano Claudio Ariel “Pájaro” Cantero el 26 de mayo de 2013 en la vecina ciudad de Villa Gobernador Gálvez.

Otro hermano de crianza, Ramón Ezequiel Machuca, recibió 37 años como cabecilla de la organización y autor intelectual de otros cuatro crímenes diferentes.

A “Monchi” le dieron la pena más dura en la resolución del tribunal que condenó a otras 17 personas en un proceso oral en el que hubo 25 acusadas. Más de la mitad de ellas pertenecía a la Policía santafesina y a otras fuerzas de seguridad.

Fuente: Clarín.

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