Por Ricardo Juan

Emilce Moler fue secuestrada por los grupos de tareas de la última dictadura cívico-militar durante la madrugada del 17 de septiembre de 1976 en La Plata, en el marco de una serie de secuestros de estudiantes secundarios conocida como "La Noche de los Lápices". Luchaban por la creación del boleto estudiantil y era su militancia política lo que incomodaba a los represores, empecinados en acallar voces para llevar adelante su plan político y económico.

Emilce la pudo contar, junto a Pablo Díaz, Gustavo Calotti y Patricia Miranda,después de sobrevivir a la tortura en distintos centros clandestinos de detención. Mientras que María Claudia Falcone, María Clara Ciochini, Horacio Ungaro, Claudio de Acha, Daniel Racero y Francisco Muntaner continúan desaparecidos.

A 44 años de un golpe que se llevó sueños y esperanzas de muchos jóvenes, Emilce Moler ve florecer sus ideales en la juventud actual. Se encarga de remarcar la diferencia de los contextos, pero valora la lucha por causas justas, como el feminismo, el aborto legal y la batalla contra el patriarcado. "Nosotros tuvimos un contexto violento, no conocíamos lo que era la democracia", recuerda en diálogo con Ahora Mar del Plata.

En un 24 de marzo distinto, por la imposibilidad de marchar en las calles en el marco de una pandemia, Emilce Moler elige sacar algo positivo de una situación que mantiene en vilo al país y al mundo. "Es un buen momento para la construcción de una sociedad más justa, y en esto de más justa es ayudar a los que menos tienen", remarcó.

Ante el pedido de prisión domiciliaria por parte de distintos genocidas por el peligro que genera el avance del coronavirus, la profesora de Matemática, máster en Epistemología y doctora en Bioingeniería dejó en claro su postura: "Cuando hay riesgo de vida yo no me meto, porque uno no le desea la muerte a nadie, sino simplemente justicia".

-¿Qué reflexión le merece este 24 de marzo sin manifestación en las calles?

-El 24 de marzo es el unico feriado que se conmemora en las calles. Es una clara expresión de repudio a la última dictadura. A diferencia de otras conmemoraciones, que se celebran en escuelas e instituciones, este no depende de ninugna organización gubernamental, sino que hay actos en las plazas, en las calles, en los centros culturales, y me parece que eso es todo un logro colectivo. Este 24 va a ser muy particular, porque no vamos a salir a la calle, pero se van a replicar cientos de voces por distintos medios y creo que la creatividad nos va a asombrar una vez más. Yo digo que este 24 de marzo no se marcha pero no se olvida. Me parece que en estos momentos es muy importante hablar para tender puentes, sobre todo con las nuevas generaciones y que se comprenda el pasado a la luz de nuestro presente, que sirve tanto para entender la dimensión real del proyecto económico y político que tenia la dictadura, en alianza con otros sectores concentrados del poder, y que hoy es clave para entender, no solo nuestro país con la problemática de la deuda, sino el mundo, con todo lo que estamos viviendo. Es muy importante, vamos a seguir hablando, tendiendo puentes, porque hemos tenido muchos logros coectivos con este 24 de marzo y no los vamos a abandonar. Así que, como dije, no se marcha pero no se olvida. Va a estar presente de aguna manera, porque sobre todo los jovenes están ávidos de comprender y cada vez le podemos ir explicando más las implicancias políticas y económicas que tenía este golpe militar. Si bien para algunos jóvenes 44 años es la prehistoria, vemos que todas esas problemáticas y luchas por las cuales nos oponíamos a la dictadura tienen una vigencia y una actualidad. No vamos a estar en la calle de manera presencial pero vamos a estar presentes en todas las dimensiones posibles.

-Usted no reniega de la juventud actual en la comparación con su época de estudiante. ¿Cómo observa el compromiso de los jóvenes y su comprensión de la actual coyuntura?

-Yo siempre estoy en contacto con los jóvenes y nunca tuve una posición nostálgica, diciendo que nosotros éramos bárbaros y que las nuevas generaciones no sirven para nada, ni mucho menos. Creo que acá hay un claro ejemplo de lo interesante que son los jóvenes y como tienen que ver con sus épocas, porque no vamos a pretender que tengan las mismas luchas que teníamos nosotros porque no tienen nada que ver los contextos. Yo ahí tomo la cuestión del feminismo, que me parece que es la transformación más importante que está viviendo nuestro país, transversal, que trastoca y modifica todo en forma democrática y la están llevando las jóvenes. Me parece que es un claro ejemplo de cómo los jóvenes siempre abordan nuevas problemáticas, las transforman, pelean, pero de acuerdo a sus contextos. Nosotros tuvimos un contexto violento, no conocíamos lo que era la democracia. Estos jóvenes, nacidos y criados en democracia, salen por una lucha trascendente, por una la ley de aborto legal, por la cuestión del patriarcado, por toda una serie de cosas, y que está haciendo una revolución en todos los sectores y en todas las edades, porque los adultos nos vamos deconstruyendo junto con ellos. Ves abuelos y padres que aprenden de sus hijos y de sus nietos. Eso es un avance para una sociedad más justa, que era nuestro reclamo. Creo que estamos con jóvenes muy interesantes y muy sanos.

-Antes de la pandemia y con el cambio de gobierno, ¿esperaba una conmemoración distinta a la de los últimos 4 años para este 24 de marzo?

-Venimos de 4 años de un gobierno que, lejos de bregar por una política de Derechos Humanos, intentó acallar y borrar todo. Con los organismos de Derechos Humanos y la sociedad civil volvimos a desempolvar todas nuestras metodologías de lucha e hicimos muchas barreras de contención. Tuvimos algunas pérdidas, como la gran cantidad de prisiones domiciliarias, pero por ejemplo, en Mar del Plata, la prisión domiciliaria de Etchecolatz se revirtió, el 2x1 también se revirtió. Y el 24 de marzo del año pasado, que no se iba a hacer, se se pudo revertir. Estábamos en un momento en el que teníamos muchas ganas de conmemorar, porque sentíamos que otra vez teníamos un gobierno que iba a poner el tema de los Derechos Humanos como una agenda, como se hizo en 2003, pero estamos dando una batalla importante de solidaridad en estos casos y me parece que es importante que se pueda entender qué actitud estamos tomando y, sobre todo, las cuestiones tan individualistas que se ven. Es un buen momento para la construcción de una sociedad más justa, y en esto de más justa es ayudar a los que menos tienen. Cuando hablamos de Derechos Humanos hablamos de la salud, de la educación, y vemos cómo un sector privilegiado, que puede viajar y gastar dinero, está perjudicando, por sus actitudes irresponsables, a otro sector que sólo depende del Estado. Me parece que está bien y que los jóvenes van a entender la importancia del Estado, de la salud pública, de la educación. Para algunos, cuando hablábamos de eso era una entelequia, pero hoy se ve claramente el por qué no hay que recortar ni y hacer cosas como hacía el gobierno anterior. De todas las cuestiones negativas, uno saca siempre cosas positivas. Creo que este 24 de marzo va a ser un aprendizaje colectivo.

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"UNO NO LE DESEA LA MUERTE A NADIE"

-¿Qué sensaciones le genera el pedido de prisión domiciliaria por parte de distintos genocidas ante el avance del coronavirus?

- Eso a mi me excede porque yo nunca quiero la pérdida de la vida. Hay gente especializada analizando el tema, pero nosotros nos oponíamos cuando no había riesgo de vida y el pedido de prisión domiciliaria sólo era para estar más cómodos. El delito se sigue cometiendo porque los genocidas no dicen dónde están los compañeros desaparecidos, no dicen dónde están los nietos. Nosotros marcamos que es un delito que se sigue cometiendo por el ocultamiento de los cuerpos y de los nietos, entonces, al haber un delito vigente no tienen por qué cumplir la prisión domiciliaria. Ahora, ya cuando hay riesgo de vida, yo no me meto en eso porque uno no le desea la muerte a nadie, sino simplemente justicia.

-Su postura está clara, aunque es una situación que ha generado controversia...

-Yo voy siempre con la Justicia, que sea una vara común para todos. Sobre todo para los que saben de leyes, los delitos no prescriben y yo siempre digo, los cuerpos de los chicos de la noche de los lápices no sabemos donde están y los genocidas que estan presos saben y no lo dicen. Entonces cuando a veces se pide un pequeño acto de humanidad, me parece que ellos nunca tuvieron un acto de humanidad, ni siquiera hubo arrepentimiento. Eso podría darle tranquilidad a las familias para poder ir a llevar una flor a algún lugar y no se está logrando. Me parece que eso no es bueno y no es sano para la sociedad. A veces, cuando se discute si son o no son 30 mil, esa es una construcción que hicimos nosotros. Si no son 30 mil, que digan ellos cuántos son y dónde están. Ahí podemos seguir hablando, pero mientras ellos sigan con ese pacto de silencio, nosotros seguimos sosteniendo que son 30 mil.

-¿Cómo observó el comportamiento de la sociedad marplatense cuando se repudió la prisión domiciliaria a Miguel Etchecolatz entre diciembre de 2017 y enero de 2018?

-El movimiento de los vecinos del bosque Peralta Ramos fue una cosa ejemplar. Junto con toda la ciudadanía dijeron que Mar del Plata no quiere genocidas. Y se comprendió. Fue multitudinaria la marcha en el mes de enero. Había cientos y cientos de marplatenses, se comprendió lo que era la presencia de un genocida en la ciudad. Y eso que teníamos un intendente que no ayudaba en esas políticas, obstruía en todo, negaba, minimizaba. Me parece que hay movimientos en la sociedad que van más allá del político de turno. Fueron 44 años de lucha, de hablar, de transmitir, de no dejar nunca de luchar. Y este 24 de marzo, este virus tampoco nos va a callar. Seguiremos desde la fuerza de las casas, marcando, desde las escuelas, porque ahora volvieron todos los programas de Derechos Humanos, se volvieron a poner documentos, materiales didáctico... Ahora tenemos tiempos, en ese sentido, en los que podemos mirar para adelante. Complicados con lo económico, complicados con la salud, pero esperemos que podamos mejorar esta situación y que demos signos de madurez cívica y solidaridad, que es lo más importante.

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