Las mujeres del Repunte dan pelea en varios frentes. Desde el hundimiento del barco pesquero, ocurrido hace exactamente dos años, muchas perdieron a un ser querido y, a la vez, a la principal fuente de sustento económico de la familia. En ese contexto, no bajaron la guardia. En la calle luchan para obtener justicia y también para sostenerse en el día a día.

“Ninguna tiene un trabajo efectivo, un trabajo en blanco. Algunas limpian por hora. Se sostienen como pueden”, expresó Gabriela Sánchez, hermana del capitán Gustavo Sánchez, en diálogo con Ahora Mar del Plata. “Es muy complicado, porque los muchachos que se embarcaban eran el único sostén de la familia”, agregó.

En tal sentido, Sánchez contó la realidad de Irene Arias, esposa de José Arias, el Primer Oficial de Pesca del buque. “Ella vive en Puerto Madryn. José era de allá. Fue la más perjudicada, porque acá al principio el gobierno nos dio unas pequeñas ayudas con unas becas y algunos materiales de construcción, pero el gobierno de Chubut no les dio absolutamente nada. Ella pide trabajo para que sus dos hijas puedan terminar de estudiar, porque es muy complicado. Le llegan tarifas de 5 mil pesos de gas... Es una mujer de más de 50 años que sale a vender ropa, tortas fritas, a rebuscársela como puede”, explicó.

Sobre los padecimientos de la mayoría de las familias, Sánchez contó que “hay situaciones muy complicadas, porque los certificados de presunción de fallecimiento de los 7 desaparecidos todavía no están. Eso implica que las viudas y los hijos no tengan la pensión. En el caso de los 3 fallecidos, ellas si pudieron hacerlo porque tenían el cuerpo y podían hacer el certificado de fallecimiento. A los meses sacaron las pensiones y pudieron cobrar los seguros. En el caso de los desaparecidos, hay dos familias que aceptaron, hicieron un acuerdo para no ir a juicio y tomaron lo que las ART les ofrecían. Hace muy poquito, revisando todo esto, los abogados se dieron cuenta de que es irrisorio lo que les pagaron, es muchísimo menos de lo que les correspondía”.

Las dificultades económicas atraviesan a las familias tanto como el dolor por la pérdida irreparable de un ser querido. “Hemos tenido casos muy complejos, con intentos de suicidio. Tratamos de entre todos llevarlo para adelante pero se hace muy difícil. El duelo por un desaparecido es tremendamente difícil, no se puede explicar con palabras”, señaló Sánchez. “Vos despediste a una persona que se iba a trabajar y después no ves más nada de él. Se pierde en el mar, no se ve absolutamente nada. Es muy complejo. Los que pueden hacer terapia, lo hacen. Los que no pueden no hacen, otros se refugian en la fe. Nosotros somos más activos en la lucha”, puntualizó.

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