Por Javier Chaves (*)

Mientras este sábado se disputaba el partido entre Dinamarca y Finlandia, todo el mundo pudo observar como Christian Eriksen, un jugador de 29 años de Dinamarca, colapsó antes de finalizar el primer tiempo del partido por la Eurocopa.

La gravedad del episodio era evidente, los jugadores de ambos equipos pedían ayuda urgente al personal médico. El capitán del equipo de Dinamarca, Simon Kjaer, fue uno de los primeros en asistir al jugador y realizar maniobras para despejar la vía aérea del Christian.

Rápidamente, el jugador fue atendido por el equipo médico quien constatò que se encontraba con un paro cardiaco e iniciaron el protocolo de reanimación cardio-pulmonar.

Mientras era asistido, sus compañeros de equipo formaron un anillo protector a su alrededor, ofreciendo algo de privacidad frente a los 15.200 espectadores que se encontraban en el estadio, y los millones que lo veían por televisión.

El Dr. Samjay Sharma -profesor de cardiología deportiva- comentó que hasta el año 2019 -tiempo en que atendía a Eriksen en el Tottenham- no presentaba ninguna patología cardiaca. También manifestó que el jugador estuvo muerto durante unos minutos y que la rápida intervención mèdica lo pudo rescatar del ataque cardíaco, pero difícilmente pueda continuar jugando al fútbol en el futuro. “En el Reino Unido no jugaría. Seremos muy estrictos al respecto”, comentó el especialista a BBC Sport.

Difícil es saber qué causa o condición médica llevó a un ataque cardiaco a un jugador de elite, con estrictos exámenes y seguimiento médico. Serán los médicos a cargo y los estudios complementarios los que puedan dar un diagnóstico preciso de qué evento lo llevó a esta situación.

La enseñanza que nos deja esta situación es la importancia de la prevención de muerte súbita no es solo un asunto médico, sino un compromiso social. Todas las instituciones como clubes, estadios, teatros y lugares con alto tránsito de personas deben contar con un desfibrilador externo y personal no médico que lo sepa utilizar. La mortalidad de un paro cardíaco es aproximadamente de 10% por minuto y al cabo de 5 minutos dicha mortalidad se eleva al 50%, lo que nos lleva a la conclusión de que ningùn sistema de ambulancia puede llegar tan rápido a rescatar a estos pacientes.

Ha quedado demostrado que la prevención (contar con un desfibrilador externo) ha salvado la vida de Eriksen. Sólo la prevenciòn puede arrebatarle una vida a la muerte.

(*) Médico Cardiólogo

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