Durante la IV Jornada del congreso sobre hepatología y trasplante hepático que se desarrolló durante el viernes y el sábado en Mar del Plata, los especialistas estimaron que en la Argentina hay 400 mil personas infectadas con Hepatitis C, de las cuales sólo una pequeña minoría lo sabe. Se trata de una afección subestimada y poco diagnosticada.

La Hepatitis C se encuentra, junto con el VIH y la tuberculosis, entre las tres primeras causas de muerte por infecciones a nivel local y mundial. Como es una enfermedad silenciosa, muy pocas veces da síntomas y, cuando éstos aparecen, tras 20 ó 30 años de haber contraído el virus, el daño en el hígado ya suele encontrarse en estadios avanzados. Por esto, se insiste en que tanto los profesionales de la salud como la comunidad en su conjunto procuren que todos los adultos mayores de 45 años se realicen el test de la hepatitis C al menos una vez en la vida.

“Muchos de los pacientes que hoy vemos se infectaron hace 30 años, cuando no conocíamos el virus ni sus medidas de prevención. Es importante testear a personas de entre 40 y 65 años que pueden estar infectadas y no conocer su condición y terminar con un deterioro de la función del hígado o con un tumor hepático. La buena noticia es que ahora podemos curar la enfermedad en el 98% de los casos y frenar el contagio”, señaló el doctor Diego Fernández, cirujano hepatobiliar y de páncreas y trasplante hepático y Presidente de la Fundación Mar del Plata Trasplante.

Es importante detectar esta enfermedad por su gravedad y, fundamentalmente, porque hoy en nuestro país contamos con los medicamentos que curan el virus en casi todos los pacientes en poco tiempo, inclusive en esquemas ultracortos de 2 meses y prácticamente sin efectos adversos.

“En los últimos años, se dio un cambio dramático en los tratamientos para la hepatitis C. Antes contábamos con drogas que curaban al 20% de los pacientes y tenían efectos adversos que generaban que muchos las abandonaran a mitad de camino. Con las nuevas drogas, se curan prácticamente todos los pacientes, más allá del genotipo (subtipo) del virus que presenten”, subrayó el especialista.

Respecto de las vías contagio, el doctor Fernández manifestó que son similares a las del virus de VIH: ocurre generalmente por el contacto con sangre infectada, compartiendo agujas, maquinitas de afeitar, cepillos de dientes o cualquier elemento de higiene personal que entre potencialmente en contacto con sangre. Además, antes de que se identificara correctamente el virus, se dieron muchos contagios a través de transfusiones de sangre o en el marco de cirugías o tratamientos odontológicos, cuando no era tan habitual como ahora la adecuada esterilización de todo el instrumental. Lo mismo aplica a la realización de tatuajes y piercings. En tanto, el contagio mediante el contacto sexual es una vía menos frecuente, pero también existe.

“Quienes se curan en estadios tempranos, no requieren seguimiento posterior, más allá de chequeos habituales”, indicó el doctor Fernández. Para los casos en que la enfermedad avanzó un poco más, una de las herramientas para realizar el seguimiento de los pacientes es el fibroscan, una técnica ultrasonográfica, no invasiva, que mide la fibrosis, es decir, el grado de compromiso del hígado, sin hacer biopsia. Si bien este estudio no reemplaza en su totalidad a la técnica tradicional, correlaciona con una alta exactitud el grado de daño que presenta el hígado.

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