La Corte Suprema de Justicia -CSJ- de la Nación definió que el genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz cumplirá su condena en la prisión y no en su casa como pretendía. En una acordada de hoy publicada en el sitio del Centro de Informaciones Judiciales se dio a conocer que desestimó el recurso de queja interpuesto por la defensa del exjefe de la Policía Bonaerense durante la dictadura.

La decisión es "contra la resolución de la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal que revocó la resolución del Tribunal Oral en lo Criminal Federal nº 6 que había dispuesto su prisión domiciliaria", explicó la Corte.

"La Cámara de Casación entendió que su estado de salud no impedía que permaneciera alojado en el establecimiento penitenciario recibiendo la atención y los controles médicos adecuados", aseguró el CIJ.

Para desestimar la presentación de la defensa de Etchecolatz, los jueces Elena Highton de Nolasco, Juan Carlos Maqueda, Ricardo Lorenzetti y Horacio Rosatti consideraron que el recurso extraordinario, cuya denegación había originado la queja, era inadmisible (art. 280 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación).

El presidente de la Corte, Carlos Rozenkrantz, no firmó la acordada. Promotor del 2x1 a genocidas e impulsor de domicialiarias, el titular del máximo tribunal no quiso dejar su estampa en el fallo contra la domiciliaria de Etchecolatz.

EL ANTECEDENTE DE 2017

El 29 de diciembre de 2017, Etchecolatz se instaló en Mar del Plata para cumplir la prisión domiciliaria, beneficio otorgado por los jueces José Martínez Sobrino, Julio Luis Panelo y Fernando Canero. La llegada del represor, que se instaló en el Bosque Peralta Ramos, fue un golpe de fin de año para los vecinos y para los militantes de Derechos Humanos de la ciudad.

Etchecolatz no tuvo paz en la ciudad. Se organizaron masivas marchas que recorrieron las calles en repudio a su estadía. “La única casa para un genocida es la cárcel”, fue el lema que se hizo eco en cada rincón del Bosque.

Fue muy fuerte el repudio que generó la prisión domiciliaria a Etchecolatz. Y los marplatenses lo expresaron con contundencia. Fueron casi tres meses de movilizaciones contra el ex comisario, que el 20 de enero salió de su casa para revisarse en una clínica, lo que generó indignación en los distintos organismos de Derechos Humanos.

Poco después, la Cámara de Casación Federal decidió revocar el beneficio de la prisión domiciliaria. La madrugada del sábado 17 marzo de 2018 fue la última de Etchecolatz en Mar del Plata. Ese día, abandonó su casa poco antes de las 6 en un móvil del Servicio Penitenciario Federal. Vecinos y militantes de derechos humanos presenciaron la escena. "A donde vayan los iremos a buscar", fue el último cántico que escuchó el genocida antes de quedar tras las rejas.

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