El 17 de agosto de 2013, el violador serial Walter Brawton se fugó desde la casa de su hermana, en Ituzaingó, donde presuntamente había concurrido a visitar a su madre enferma. El sujeto, contador y padre de dos hijos, había sido condenado en 2009 a cumplir 38 años de cárcel, por nueve casos de agresiones sexuales gravísimas. Sólo cumplió 4, gracias a un "plan maestro" de fuga ideado por el depravado, que incluyó la desidia de la Justicia.

Ya van 1.696 días y nada se sabe sobre su paradero, mientras sus víctimas viven con terror. Se trata de un caso paradigmático de la escandalosa relación entre peligrosos violadores y la Justicia, ya que el escape ocurrió a partir de un beneficio que le habían otorgado por "conducta ejemplar" en el penal.

Los casi cinco años que Brawton lleva prófugo fueron acompañados de un constante seguimiento de la asociación Madres y Familiares de Víctimas (MAFAVI), que reclamó siempre a las autoridades gubernamentales y judiciales que se extremen las medidas para dar con el paradero del sujeto, y así cumpla su condena, de la que sólo llevaba un 10% cuando logró fugar en el marco de plan pensado al detalle.

"Nunca dejamos de estar cerca de las víctimas de este monstruo. Son mujeres que viven con miedo, con terror. A pesar de eso, pudieron romper el silencio y declararon. Aportaron pruebas, contaron sus horrendas experiencias. Pero no las respetan. Exigimos, como en todos estos años, que le den captura a Brawton”, señaló Alicia Angiono, integrante de la organización.

El contador se aprovechó de las evidentes debilidades del sistema judicial. Así, a pesar de resultar condenado en 2009 a cumplir 38 años de prisión por nueve ataques sexuales (siete consumados y dos en grado de tentativa), logró seducir en prisión a una mujer casada para que, a escondidas de su marido, venda una propiedad por un valor de 80.000 dólares, le robe el documento de identidad y lo ayude en el escape.

El "capítulo" de la amante -que fue capturada meses atrás y será llevada a juicio- es apenas una parte del plan maestro ideado por Brawton. También fue clave su "excelente comportamiento" en las dos unidades penitenciarias en las que estuvo.

En la primera, la Unidad 30 de General Alvear, de máxima seguridad, se ganó un certificado de "conducta excelente”, y cuando pidió el traslado a una cárcel de mediana seguridad (la 39, de Ituzaingó), nadie en la Justicia opuso resistencia.

"Quienes intentaron resistir el traslado fueron las autoridades de la cárcel de Ituzaingó, que alertaron sobre la inconveniencia de tener alojado allí a una persona condenada por delitos tan graves. Igualmente, venció el expediente intachable del contador”, contó Angiono.

Luego, ya instalado en la cárcel de la zona Oeste del Conurbano, el depredador sexual (a sus víctimas las elegía jóvenes, incluso menores) tejió relaciones con personal penitenciario y población carcelaria. Se convirtió en uno de los más respetados internos. En ese marco, comenzó a insistir para que le permitan visitar a su madre enferma. El 17 de agosto de 2013, lo llevaron a la casa de su hermana para ver a su madre supuestamente enferma, con una custodia un efectivo del Servicio Penitenciario que aceptó unas empanadas (con sedantes) y gaseosa, tras lo cual se quedó profundamente dormido. Desde ese momento, nada se sabe sobre Brawton.

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