Juan Carlos, el encargado del edificio de Alberti 1550, donde vivía Gisel Varela, la mujer policía asesinada este martes por su ex pareja, señaló que el hecho “fue la crónica de una muerte anunciada”, porque el femicida “estaba obsesionado con ella”.

El encargado contó el hostigamiento permanente al que la sometía Sergio Alejandro Cejas, quien este martes la asesinó a balazos en la parada de colectivos de Alberti y Las Heras. “Fue la crónica de una muerte anunciada, porque la porquería esta estaba obsesionado con ella. En marzo del año pasado ella se mudó acá y no quería que él entrara. Se le prohibió la entrada y después ella pidió que lo dejaran ingresar, solamente cuando entrara con ella. Pero a los 20 días volvieron las agresiones, él no cambió nada y ella cortó por lo sano y decidió no estar más con esta persona”, señaló en diálogo con Telediario.

Según el encargado, la violencia de Cejas era constante. “Él no vivía en el edificio, no convivieron nunca acá. Empezaron las agresiones, yo lo saqué tres veces y después lo sacó la policía. Después, en agosto le pegó, mal, a la una de la mañana. Los vecinos llamaron por teléfono porque se escuchaban los gritos de auxilio de ella. Vino la policía y él no quería abrir ni salir del departamento. Cuando la policía vio que encaré para meterme, me sacaron y se metieron ellos para sacarlo. Estuvimos hasta las 6 de la mañana, hasta que el fiscal pidió la detención por las lesiones que tenía Gisel”, aseguró.

Con respecto al acceso del femicida al edificio, Juan Carlos remarcó que “él tenía una de las llaves para abrir acá, pero como estaban adentro de la mochila no se la podía retener ni sacar. No me la pudieron entregar, que era lo que yo quería. Ahí se dispuso la perimetral, pero a él no le importaba nada. Como tenía las llaves, entraba y salía”.

Asimismo, el encargado relató uno de los últimos episodios. “El 12 de diciembre ingresó a las 15,30 y no quería salir. Se paró de manos, como se dice vulgarmente, en la escalera conmigo y le dije: “O salís por las buenas o salís por las malas, una de dos”. Me dijo que esto no iba a quedar así. Volvió a ingresar el miércoles pasado y yo lo vi bajar la escalera con las luces apagado. También el jueves a la noche estuvo haciendo guardia. El domingo, Gisel estuvo hablando conmigo por teléfono a la tarde y me dijo que lo habían agarrado cerca del trabajo de ella, que le habían hecho una notificación nada más. Tenía que estar a más de 300 metros y estaba a menos de 100, pero le hicieron sólo una notificación. Ella me dijo: ‘Yo ya no sé qué más hacer’, explicó Juan Carlos.

El encargado sabía del peligro que representaba Cejas para Gisel y se lo dijo con claridad. “Ella todas las mañanas salía a las 6,30 para ir a trabajar y hablábamos siempre del tema. Yo le dije: ‘Te voy a hablar clarito: tu vida corre peligro. Porque si te ve con otro hombre o con un amigo, este tipo te va a matar’”. Y ella me dijo: ‘Sí, ya lo sé, pero no me puedo ir del país por un loco como este. Si no lo puedo manejar, me iré a Santa Clara con mis padres’. Esto me lo dijo el 6 de enero. Hoy la mató”, recordó. “Violó las restricciones cuántas veces quiso y la Justicia no hizo nada”, agregó.

Por último, Juan Carlos describió a la mujer policía como una “buena persona, muy educada y amable”. “Cuando hubo problemas pidió disculpas por el lío que se había armado. Ella vivía sola con la nena. Tenía dos obsesiones: el trabajo y la nena. Ella tenía franco y ese día vivía para su hija”, concluyó.

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