Sebastián Cuattromo vivió una pesadilla a los 13 años. En un viaje del colegio, en 1989, fue abusado por uno de los hermanos marianistas que estaba a su cargo. Diez años después se animó a confesar lo que había pasado y tras una larga lucha logró que el abusador fuese juzgado. Mientras tanto, fundó la ONG “Adultxs por los Derechos de la Infancia”, para ayudar a quienes pasaron por una situación similar.

“Se lo considera el delito más impune de la tierra. Como en ningún otro delito, es la víctima quien carga con un sentimiento de vergüenza y de auto recriminación muy injusto”, expresó Cuattromo en diálogo con AHORA Mar del Plata, durante su visita a la ciudad para desarrollar distintas actividades con la asociación.

El objetivo de “Adultxs por los Derechos de la Infancia” es dar visibilidad pública al delito del abuso sexual en la infancia, con la finalidad de incidir en la defensa de la niñez, y de sus derechos, frente a esta injusticia. Por eso, hacen públicos sus testimonios. “Consideramos que es nuestra obligación como adultos dar voz al padecimiento de los niños de hoy. Desarrollamos esta acción en los más variados ámbitos comunitarios, y por todo el país” explicó.

-¿Fue difícil confesar lo que te había pasado?

-Me llevó 10 años ponerlo en palabras, los pasé en soledad y silencio. Pero diez años después del delito, presenté la denuncia judicial y tras 12 años de lucha más mi abusador fue juzgado.

-¿Cuándo ocurrió el hecho?

-En 1989. Estaba terminando séptimo grado de la escuela primaria. Otros compañeros míos también fueron víctimas del delito de abuso sexual por parte del mismo agresor, el ex hermano marianista Fernando Enrique Picciochi, que era religioso y docente en este colegio. El era maestro de cuarto grado, pero en séptimo hacíamos un viaje a una colonia que tiene el colegio marianista en las sierras de Córdoba, cerca de La Falda, y este hombre era el responsable y organizador.

-¿Era recurrente la agresión?

-En mi caso y en los de otros dos compañeros en esa colonia, los abusos duraron todo ese periodo, en la segunda quincena de diciembre del 89. Al año siguiente, en primer año en la sede del colegio, lo sufrí una vez más por parte de este mismo agresor.

-¿Cómo decidiste dar el gran paso de revelarlo?

-Fue la decantación de un proceso muy doloroso de diez años durante mi adolescencia. Además, vivía en un hogar donde sufría violencia, malos tratos, era un lugar expulsivo más que protector y de cuidado. Estaba en una situación particular de vulnerabilidad de las cual el depredador abusó descomunalmente.

-Picciochi estuvo trabajando en un edificio de Mar del Plata, ¿cómo te enteraste?

-Recuperó su libertad en 2016. Tuvo una condena ratificada por la Corte Suprema de Justicia la Nación en marzo de 2016. Pero logró que se aplicara la ley “x1” que estaba vigente cuando fue condenado por los delitos, por eso recuperó su libertad. Recibimos distintos llamados de marplatenses que contaban que él está viviendo en la ciudad. Y hace un mes, mientras estábamos de gira en Sierra de la Ventana, y recibimos la comunicación de una mujer, Blanca, que vivía en La Pampa. Ella tenía un departamento en el edificio de Moreno 2254 y Picciochi trabajaba como encargado. No teníamos como responderle porque estábamos sin señal. Cuando nos comunicamos, nos contó que se reunieron los vecinos y exigieron al consorcio que lo desplazaran del cargo.

-¿Por qué decidieron armar la asociación?

-Surge en el 2012, en el contexto del juicio oral y público que terminó con la condena de este ex hermano marianista, y más de 20 años después de que hubiera sido víctima de abuso sexual en mi infancia. En ese contexto hice público mi caso en distintos medios periodísticos, con el sueño de que mi historia de dolor y lucha pudiera servir a los demás. Empecé a recibir mensajes de todas partes donde otros compartían sus propias historias. En ese contexto conocí a Silvia Piceda, que venía llevando adelante una enorme lucha como mamá, tratando de defender a su hija de un progenitor abusador y de defenderla ante la injusticia que impera todavía en líneas generales en el poder judicial frente al delito de abuso sexual, especialmente el intrafamiliar que es el mayoritario. Ella venía desarrollando grupos con otras mamás que se encontraban en la misma situación. Además, había sido víctima de abuso en su infancia. Y cuando nos encontramos en 2012, fue una profunda coincidencia que también nos llevó a enamorarnos y al día de hoy ser pareja y vivir en familia.

-¿Cómo desarrollan esta tarea?

-En todos estos años como fundadores recorremos el país brindando nuestros testimonios. Con otros compañeros creamos este camino. Luego se transformó en Asociación Civil y no para de crecer día a día. No queremos que exista un permiso social y cultural ante este delito y ante sus perpetradores. Dar a conocer nuestra experiencia creemos que permite una actitud muy básica de prevención del delito para la protección de la infancia. Como comunidad de adultos tenemos que discutir qué oficios y profesiones estos personajes desempeñan.

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