Se mueve entre la multitud y pasa desapercibido. Sin él, “Wayra”, el nuevo espectáculo de Fuerza Bruta, que patea el tablero en esta temporada, no podría llevarse adelante.

Como en una típica postal de Mar del Plata, donde abunda el sol y los buenos momentos, los miembros de la compañía teatral posaron en medio deselfies, boomerangs y risas. Los balcones y la escalera helicoidal del NH Gran Hotel Provincial fueron testigo de eso.

En el Centro Cultural Estación Terminal Sur (Paseo Aldrey), donde se lleva a cabo el espectáculo, Diqui James, luego de un arduo ensayo, habló de la compañía teatral que con un lenguaje propio dio la vuelta al mundo.

¡Atención!, contrariamente al show, esta es una entrevista sin arnés, sin red.

Desde Adentro

Hace dos años dijiste que le temés al fin de la creatividad, sin embargo seguís desarrollando nuevos proyectos

No tiene que ver con un momento histórico, sino con el vértigo de creer que esa va a ser la última idea de tu vida. Siempre me pasó. A lo largo del tiempo me he dado cuenta que sería imposible crear si no sentís eso. Pensar que siempre se te va a ocurrir algo nuevo es creer que sos inmortal. El vértigo de sentir que nunca más se te va a ocurrir una última idea te da hambre de una nueva.

¿Es difícil que los productores apuesten por Fuerza Bruta?

Sí. Nosotros, de alguna manera, hacemos todo lo no recomendable para el mercado. Para encontrar el lugar del show es un dolor de cabeza, para explicar lo que hacemos es otro. Además, la producción es muy grande y, al mismo tiempo, hacemos un lenguaje popular. Queremos que venga gente joven, o sea, no es una ópera o un show para gente que tiene guita. En realidad, es un espectáculo para un público que no tiene la plata para pagar lo que tendría que costar el show. Los productores luchan para que vengan muchas personas, bajando el precio de la entrada. Apuestan a largo plazo.

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Cuando armás la obra, ¿primero pensás en la reacción del público?

No. Primero tenés que pensar quéquerés hacer. De todas maneras hay muchas formas de hacerlo. Cuando pasan tantos años, llega un momento que no te acordás por dónde empezaste. Por ejemplo, el corredor. Durante tres años estaba obsesionado con este tipo que corre y no puede parar. Quería que atravesara una pared, que subiera una escalera, pero no me copaba que corriera por el espacio. Entonces, un día, en un segundo, dije ¡no, claro! ¡Que el tipo esté parado y todo lo que pasa vaya hacia él! En un segundo resumí un montón de ideas.

A veces quiero que en medio del show la gente se quede callada mirando algo chiquito, porque siento que eso le va a dar respiración al espectáculo. Ahí sí parto de lo que quiero que le pase a la gente y luego veo con qué lo logro.

¿Y si no funciona?

Lo cambio todos los días hasta que funcione. Se estrena al 60%, con eso me conformo. Luego hay que llegar al 100 lo más rápido posible. Tiene que ver con el tipo de show que hacemos, que depende mucho del espectador. En una obra tradicional que esté o no el público te modifica la obra emocionalmente, acá lo hace físicamente. Al ser una megaobra es muy difícil hacer un ensayo con todos los efectos, actores, el vestuario, la música, las luces, el espacio real y el público. Por lo tanto, tu primer gran ensayo es el día del estreno.

Vas a contramano del teatro clásico

Vamos en contra de todas las recomendaciones para que una obra sea exitosa y fácil de producir. Igualmente estoy muy sorprendido que en los últimos cinco años nos haya llamado Nike, Fiat, un banco, una empresa de seguros. Hace diez años ninguna marca de nivel iba querer estar asociado a una locura como Fuerza Bruta.

¿Por qué creés que se dio?

El lenguaje logró cierto posicionamiento. De alguna manera, nos va alcanzando el tiempo o ahora empieza a haber una necesidad del público de ver cosas diferentes. Incluso apareció esta nueva definición: el show inmersivo, un espectáculo que es una experiencia.

Con las manos en el aire

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¿El público de Fuerza Bruta es hipster o popular?

En Argentina es popular. No como Pablito Lescano, ¡ojalá fuéramos como él!También hay gente que le importa un carajo lo que hacemos. Después de los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo muchas personas se dieron cuenta que lo que hacemos no es tan raro, deforme, extremo, inentendible o intelectual. A partir de eso hubo una mezcla de público espectacular. Lo que más nos copa es el teatro callejero, el carnaval. Cuando tenés todos pibes de veinticinco años vestidos de negro ¡es un plomo! No me gustan esas cosas culturales que son solo para un tipo de persona, no me interesa.

¿Con Organización Negra o De la Guarda lograste esa mezcla?

Sí, en diferentes momentos. Con Organización Negra no logramos atravesar. Éramos pendejos, nos gustaba pelearnos todo el tiempo, discutíamos de todo y, encima, nos agarró en un momento muy malo. Después de La Tirolesa (espectáculo aéreo sobre las paredes del Obelisco de Buenos Aires en diciembre de 1989)vino la hiperinflación, las privatizaciones, los 90 y ¡se fue todo a la mierda! No teníamos donde ensayar y terminamos en el Teatro San Martín haciendo algo en un escenario, porque, durante dos años, no habíamos podido estrenar un show. Esa fue nuestra decadencia y no me lo bancaba más. Ahí nos rompimos y se armó De la Guarda. Con Organización Negra y Work, el primer show, ¡podríamos haber recorrido el mundo entero!

¿Era para un público popular?

No. Era para un público joven que iba a buscar algo nuevo. Más vanguardista, off. Igualmente, nosotros estábamos en Cemento y el pibe que hacía mantenimiento no tenía nada que ver con la movida y, sin embargo, venía con sus amigos, familia, que se re copaban. A pesar de ser un tipo que no había ido al teatro en su puta vida, quizás ni siquiera al cine, estaba dentro del show enloquecido. Era fuerte y le pegaba a cualquiera. No tenía un lenguaje encriptado, que si no leíste cinco capítulos de Shakespeare no lo ibas a entender.

Entonces, ¿De la Guarda fue un intermedio entre Operación Negra y Fuerza Bruta?

Con De la Guarda nos propusimos salir de la oscuridad, para buscar un poco de felicidad, sin perder la potencia. Por eso fue un gran desafío. La violencia es más fácil. Con Work la gente se recontra cagaba de miedo, estaba re oscuro, ¡boom! ¡crac! Tenía una estética muy copada, pero la potencia que tiene la violencia es más sencilla de manejar. Cuandodecidimos que alguien termine saltando desaforado bajo la lluvia abrazando a sus amigos fuecomplejo. Ese es el viaje que tenés que lograr pare que la gente explote. Largamos el cuerpo por el aire, a correr por las paredes, a volar. Además, no teníamos escenografía, maquinaria. El lenguaje en sí era más despojado. Con Fuerza Bruta continuamos la búsqueda, pero pensé en maquinarias escenográficas (la cinta de correr, la pileta, la burbuja) que tengan teatralidad y el actor no sea quien genere la acción.

¿Hay algún límite a la hora de planear un show?

¡La peleamos hasta hacerla! El gran miedo siempre es “armo todo este quilombo ¿y después no funciona?, ¡me mato!”(risas).Hay todo un camino hasta que te das cuenta si sirve o no.

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Te gusta el caos

Y sí. Me gusta la sensación fuera de control, donde cualquier cosa puede pasar. A veces la alegría está confundida con lo light. Nosotros trabajamos con otra idea de celebración, fiesta. El carnaval es salvaje, fuerte, no es algo simple, una sonrisa. Tiene un mensaje, es denso.

Pero a vos no te importa el mensaje

No. Como intelectualiza el mensaje el público es un problema de ellos. Hay gente que necesita eso y está bueno.

¿Son snobs?

No. Un chico de diez años te cuenta que “el señor estaba caminando entre la gente y quería llegar a la casa, pero no podía” y no hay nada de snob en un pibe. Naturalmente, hay personas que necesitan imaginarse una historia dentro de un mundo real y a otros les importa un carajo, la pasan bárbaro, se emocionan, pero no les interesó entender si se acordaron de la madre o les pareció que era un útero o el mar. Hay gente que se copa viajando por ahí, pero yo no creo desde la metáfora, nunca, jamás. ¿Cuál es la verdadera historia?,¿es el fondo del mar o es el útero? Para mí, ninguno de los dos. Es medio inexplicable.

La vuelta al mundo

¿Fuerza Bruta es más entendido en un contexto como el del Sziget Festival?

Es un contexto muy favorable. Por un lado, es un público súper exigente (porque están re locos, no te van a tener paciencia y no van a aplaudir nada que no les guste), pero por otro está entregado (si les das algo que les guste lo van a disfrutar al mango). Entonces, nos resulta un ámbito ideal y, además, hacemos eventos de veinte minutos.

¿Es lo mismo Sziget que Cosquín Rock?

Conceptualmente son parecidos. Uno es más rockero, pero también empezó a incorporar actividades teatrales, una carpa electrónica. Las personas van un par de días, acampan, se quedan en esa isla loca en Budapest (Hungría) y se entregan a vivir eso. Le tengo mucha fe a ese formato para nosotros. Hacemos cinco showcitos por día, la gente entra, nos ve y ¡pum! Viven su viaje, se van y llegan otros.

¿Los festivales de música viran hacia ese lado?

Necesitan otras cosas. Lo nuestro es ideal en ese sentido. Recuerdo que en Lollapalooza Brasil (San Pablo) ¡había de todo! ¡En el noticiero salimos nosotros! Como lo nuestro era algo diferente, después de mostrar dos DJ sirve lo que hacemos, porque necesitan contenido. Entonces le recontra suma al festival, pero le es caro. Para nosotros necesitan un escenario especial y en otro ponen todas las bandas.

¿El público argentino empatiza más rápido con un show de Fuerza Bruta en comparación con el de China, Hungría o Nueva York?

Por Nueva York pasa toda la gente del planeta. Es como estar de gira, pero vos estás quieto y lo que se mueve es la ciudad…

¡Como “el corredor” de la obra!

¡Claro, exacto! Nueva York tiene la fama de poder encontrar cosas diferentes, porque hay gente que está abierta a esa posibilidad. Es más, es casi una obligación. Si vas a NY y no encontrás algo distinto ¡se te pincha el globo!

¿Y China?

China es todo lo contrario. Hace diez años, como mucho (podría decir cinco), empezó a abrirse y tenés un público que no vio nada, hay muy pocos que viajaron (gente con mucha mosca que mandaron a sus hijos a estudiar afuera). No hay un sistema de marketing, laticketera más vieja que podés encontrar no tiene más de seis años y es todo tan grande que no hay comparación. Te dicen “vamos a una ciudad chica” ¡y tiene 20 millones de tipos! Y de esa cantidad tenés quince más. Entonces, como son muchos y no tienen parámetro, se abren a la experiencia. Sea lo que sea que vean es nuevo. ¡Están hartos de la tradición! También pasa en Japón, Corea. Los pibes se vuelven locos con lo que hacemos, porque necesitan abrirse, romper. En agosto estrenamos un show en Tokio,con todo nuestro lenguaje, pero con el contenido de la cultura japonesa: samuráis, geishas, ninjas, bailes típicos, máscaras Noh, kabuki. Al principio me daba miedo mezclar los personajes, pero después me di cuenta que lo que menos querían era un espectáculo tradicional. Funcionó mejor cuando me fui al carajo y no en lo que fui… tibio.

Buenas compañías

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¿Sería posible Fuerza Bruta sin Gaby Kerpel?

Obviamente no. Creo que es una combinación difícil de lograr. Tenemos unlenguaje, la música le da un espacio a la acción y viceversa. Cuando hace la música del show no es como producir un disco, no piensa solo en el sonido, y en el momento quedesarrollo ideas necesito que su trabajo me inspire. Gaby es muy laburador, cuando hay algo que no funciona lo tira a la mierda y empieza de vuelta. Trabajamos de manera franca.

Con el resto del staff, ¿trabajás individualmente o en grupo?

En áreas (técnica, iluminación, sonido, efectos, baile, música) y cuando llega el último ajuste ¡se chocan todas! Avanzan como una tropa, cada una por su lado, y luego tienen que combinar todas. Ese es el momento más divertido y estresante. El chico de técnica me dice “pelotudo, vos querés que meta una pileta arriba de la gente de dos toneladas y media y cuatro motores en veinte segundos, ¡aplaudime que la metí en cinco minutos! Ahí es donde se agarran la cabeza, porque en ese tiempo no le sirve al show. Después viene la vestuarista con sus ideas increíbles, pero… ¡nadie puede correr con eso puesto! ¡Mirá todo lo que tiene que hacer con lo que le pusiste!

¿Cómo es el recambio de actores en Fuerza Bruta?

Nosotros llegamos a tener cuatro compañías al mismo tiempo. Ahora tenemos Mar del Plata, Tokio y San Pablo, más algún evento. Tenemos gente que trabaja hace muchos años y también nueva.

¿Es una compañía que demanda mucha exigencia física?

Sí. Es difícil entrar en Fuerza Bruta cerca de los 40, porque tenés todo un aprendizaje y, ahí, es donde te hacés mierda. Después tenés pibes que empezaron a los 22 y a los 38 están diez puntos. Es como el “10” que corre poco en la cancha pero sabe pasarla. Entiende la técnica, cómo cuidarse, el ritmo de los ocho shows por semana, pero es difícil de grande. Les cuesta aprender y además corren el riesgo de lesionarse, sobre todo en los primeros dos años en la compañía.

¿Fuerza Bruta es una “puerta grande” para la carrera de un artista?

Sí, pueden tener otros laburos o dar clases. Si te bancaste estar en esta compañía, te da cierto prestigio como técnico, actor, músico o iluminador. Cuando está Fuerza Bruta ¡la tenemos que romper!, no se puede hacer a media máquina. A veces nos dicen “traigan algo del show” y el espectáculo es todo o nada, tiene un código, un lenguaje. Después hay un montón que hacen cosas parecidas y algunos creen que estuvimos en el casamiento de su tía (risas).

¿Los copian mucho?

Sí, nos copian. Me da pena por ese público, porque se venden como nosotros. Nos pasamos realizando eventos que nunca hicimos. Incluso sale en los diarios, que no son capaces de chequear la información.

Si te copian a esa escala, ¿quiere decir que deben corregir algo?

No. Si te copian es porque funciona. Es como alguien cuando saca el teléfono en el show, es porque funciona. No te vas a enojar porque te saquen una foto.

Entonces, ¿no aparece el mensaje de advertencia de filmar y fotografiar antes del show?

No. Le pedimos solamente que no tiren flash. Que filmen todo lo que quieran, no me molesta para nada.

¡Pero después te copian!

No me molesta que me copien. Es más, que lo hagan, me exige seguir creando cosas nuevas. Es un desafío, porque tengo que ser el primero en realizarlo.

¿En todas las compañías hay argentinos?

Sí. La idea es combinar, me gusta que haya mezcla. Aprenden entre ellos, los ayuda a nivel expresivo.

¿Colabora con el elenco o el grupo humano?

Con el grupo. Que un argentino le explique a un japonés como es la murga o que una nipona le diga a una chica que se ponga determinada crema, porque se mete a la pileta todos los días,es muy interesante.

Los japoneses la tienen clara

Tienen una disciplina y destreza tremendas. Además de la diversificación de géneros que tienen: hip hop, actuación, gimnasia artística, canto…

¿La culpa la tiene Bailando por un Sueño?

¡De Japón! (risas) Los tipos están re preparados, me impresionó. Por otro lado les cuesta mucho este lenguaje.

¿Qué buscás en un casting? ¿Acróbatas, deportistas, actores?

Artistas. Actores, bailarines.

Pero a un actor, que se preparó en un conservatorio durante varios años, ¿¡lo colgás solo para que se mueva de una punta a otra!?

Cuando hacíamos De la Guarda era difícil encontrar actores preparados físicamente. Hoy cualquier actor de conservatorio va al gimnasio. Ya no está más la idea del actor que se para y dice un texto. Entendió que su cuerpo es su instrumento y tiene que estar bien. Después tenés gente muy intelectual que no pateó nunca una pelota en su vida con un montón de limitaciones.

No son como Cirque du Soleil

Acá no hay acrobacias. Lo que hacemos a nivel técnico no es difícil, solo tenés que tener la energía física y emocional para hacerlo. Lo más difícil es lo expresivo, porque tenés momentos de mucha euforia, conexión. Ahí es donde empezás a darte cuenta quién se la banca y quién no. Hay pibes que te corren al palo en la máquina, pero cuando tienen que parar y mirarte a los ojos no lo pueden hacer, un actor sí. Otra cosa que hacemos es que todos los varones sepan y hagan el papel de otro, las chicas lo mismo, y van rotando todas las noches. Eso evita “protagonismos”.

SIN CADENAS

¿Te gusta el teatro clásico?

Hay pocas cosas que me gustan, emocionan. Me molesta el hábito de sentarme en una butaca, me siento un poco asfixiado. El cine me encanta.

¡Pero es la misma butaca!

Me siento muy influenciado por el cine ya que es el primer teatro inmersivo. Cuando se inventó le rompió el culo al teatro, porque viajás (sentado) con la cámara. De repente estás cerca de una boca y al instante te subís a un helicóptero o un auto. Me cuesta viajar con el relato del teatro estático, donde sabés que todo va a pasar arriba del escenario, pero también me encanta cuando veo buenos actores.

¿Por ejemplo?

Cuando fui a ver a Ricardo Darín con Valeria Bertuccelli (Escenas de la vida conyugal) me encantó, porque tiene mucho nivel de actuación.

En cine, ¿Woody Allen o Los Vengadores?

Woody Allen me re cabe. Las mega producciones de acción no me atraen.

Preferís un drama, una comedia

Claro. Fui a ver BladeRunner 2049 y me pareció un embole. En el cine no me vuelvo loco con los efectos. Tarantino fue el último que me rompió la cabeza: Perros de la calle, PulpFiction, Kill Bill. Los 8 más odiados no me gustó tanto. En general, me atrae cómo se divierte con la violencia, la sátira. Una película de terror (gore) no te la veo ni en pedo.

¿Si tuvieras que reencarnar en un director de cine sería Quentin?

¡Me encantaría! Pero no sirvo para el cine, para combinar la historia con la música, yo te hago esto (risas)

¿Tenés cábala?

No. Porque lo nuestro no es si sale bien o mal el show, es si se lastima alguien. Para mí no hay suerte, sino hacer las cosas bien. No puedo permitir que nos distraigamoscon las cávalas. De todas formas todos ponen la foto de Pugliese…

2 X 1

¿Por qué cerveza artesanal en la previa del show?

Nos encantó la idea. En cada uno de nuestros espectáculos insistimos con el bar. Esto no es solo una obra de teatro, la gente viene a divertirse, a disfrutar la noche con su pareja, sus amigos. Es fundamental lo que pasa en la previa del show y, también, quisimos transmitirlo acá. Aparecieron varias oportunidades y cuando surgió Antares fue ideal.

Fuiste al Bar de la Fábrica

Sí, está buenísimo. Aunque para tomar cerveza soy más de la vieja escuela, Antares es distinta. La cerveza artesanal es intensa, pura. En Brasil tomás industrial todo el día y no te pega.

Te gusta que esté el concepto de tomar cerveza minutos antes que arranque la función

Sí y más que sea por gente que encaró su propia cerveza, le dio para adelante, le fue bien y empuja. Me gusta la historia de la marca y me identifica, porque, en ese sentido, somos del mismo palo.

LA EDICIÓN COMPLETA DE CENTRAL YA SE ENCUENTRA DISPONIBLE: www.revistacentral.com.ar

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