Por Jorgelina Garri (*)

¿Qué es el hambre emocional? Hace referencia a la ingesta de alimentos por razones diferentes a tener hambre (hambre fisiológico). Se trata de usar los alimentos para afrontar distintas emociones. ¿Cómo lo podemos detectar? Por lo general, a diferencia del hambre fisiológico que aparece en forma gradual ,el hambre emocional llega de repente, aparece en forma de “antojo”, es decir, sintiendo el deseo de consumir un alimento específico, por el contrario, el hambre fisiológico se sacìa con cualquier tipo de alimento. Además, necesitamos satisfacerlo de forma inmediata, cuando el hambre es fisiológico se puede posponer la ingesta.

Por otro lado, no se logra la saciedad, es muy probable que se siga comiendo e incluso, es probable que no se pueda dejar de comer. Otro punto a tener en cuenta para detectarlo, es la sensación luego de la ingesta; si en lugar de una sensación de bienestar aparece la culpa por haber comido, es muy probable que estés comiendo a través de una emoción.

Los desencadenantes suelen asociarse con emociones negativas y positivas (estrés, tristeza, ansiedad, soledad, alegría, diversión) o a situaciones diversas como el síndrome premenstrual, el insomnio o el cansancio, actuando como un tranquilizante o una distracción de lo que realmente causa malestar o simplemente como una recompensa. La conducta genera culpa por no haber podido controlar la situación a tiempo, esto aumenta el riesgo de perpetuar en un círculo vicioso donde, frente a una situación de angustia o alegría, se recurre a “ese” alimento o preparación que nos reconforta.

Lo malo de estas conductas es que traen consecuencias negativas en lo que respecta a la salud. El hambre emocional está ligado a la obesidad. La obesidad es una enfermedad crónica multifactorial, los factores genéticos, metabólicos y conductuales son los más determinantes, pero también contribuyen factores psicológicos, como la ansiedad, depresión, el consumo de alcohol y los trastornos de la alimentación. La obesidad aumenta el riesgo de desarrollar múltiples complicaciones médicas, entre las cuales se encuentran: hipertensión arterial, diabetes tipo II, enfermedad coronaria, ACV, cáncer, dislipemias, apnea de sueño, colecistitis, infertilidad y múltiples complicaciones durante el embarazo.

Los factores conductuales y de estilo de vida son determinantes tanto de la causa del problema como del éxito del tratamiento.

¿Qué hacer para evitar el comer emocional? Conocer los desencadenantes y aplicar estrategias para cambiar el foco de atención: Reconocer el momento en que se siente la urgencia de comer determinado alimento, a qué hora suele suceder, donde suele ocurrir, en compañía de quién y saber detectar cuál es el estado emocional en ese momento, si se siente: aburrimiento, soledad, frustración, estrés, enojo, baja autoestima, tristeza, preocupación, felicidad, alegría, diversión, enamoramiento. Qué estaba haciendo antes de que esa necesidad de comer aparezca. Cuál es el alimento elegido y la cantidad que comió. Conociendo las causas es posible implementar estrategias para cambiar el foco de

atención: Respirar profundo, beber líquidos frescos y sin calorías, dar un paseo, escuchar música, bailar, leer o hacer un llamado. Evitar la compra de alimentos que sean tentadores y poco saludables. Ser paciente y tener constancia, cambiar hábitos no suele lograse rápidamente, consta de un proceso. Estar dispuesto a repetir el cambio con perseverancia para tener éxito. Pedir ayuda a un profesional de la nutrición para encontrar más estrategias y así evitar que el comer emocional dé paso a un trastorno alimentario.

(*) MP Nº 5777

@nutri.jorgelinagarri

Comentá y expresate