¿Cuántas veces alguno de nosotros hemos sentido estrés, preocupación o ansiedad? ¿Y cuántas de esas veces comimos solo para sentir alivio?. En algunas ocasiones más de alguno se ha refugiado en la comida, pero cuando esto se convierte en un hábito, se vuelve imparable, y es cuando se comienza a depender totalmente de la comida para satisfacer nuestras necesidades emocionales.

Buscamos canalizar esa emoción de ansiedad o frustración a través del acto de comer (pensando que tenemos hambre). Esto pasa porque después de saborearla, tu cerebro secreta varias sustancias poderosas que producen placer como la dopamina y la serotonina. Esta recompensa es tan poderosa que tu cerebro buscará cualquier oportunidad para motivarte a comer ese alimento que produce placer. Es más, el simple hecho de pensar en ese alimento o simplemente en el sabor hará que el cerebro tenga una sensación placentera.

Las cosas se complican cuando tu cerebro asocia este alimento o simplemente el hecho de comer con una emoción o sensación negativa. Por ejemplo: “Estar triste y comer chocolates”, “sentir estrés y comer galletas”, “tener ansiedad y comer de todo y en gran cantidad”. Es por este motivo que comer emocionalmente se convierte en un hábito.

¿Cómo podemos diferenciar el hambre emocional del hambre fisiológica?

* El hambre real: es gradual, puede esperar, está abierta a varias opciones, con estar satisfecho es suficiente, no genera culpa.

* El hambre emocional: es repentina, urgente, deseo de comer algo específico, sentir plenitud no basta, genera culpa

¿Cómo puedo cambiar el hábito de comer emocionalmente?

* Identificar la causa responsable de la emoción que me lleva a comer por impulso.

* Cambiar esa rutina que te hace daño, por alguna otra que te genere la misma recompensa, pero que sea saludable. Cuando sientas el impulso de comer, distrae a tu mente con otra actividad.

* Tener un ambiente seguro: no almacenes en tu casa o en los sitios que frecuentas alimentos ricos en grasa, azúcares o sodio. En caso de que no puedas evitarlo, guárdalos en sitios donde no sea de fácil alcance, o en envases opacos.

* Seleccionar aquellos que sean ricos en triptófano, un aminoácido precursor de la serotonina que actúa como un ansiolítico natural. Ejemplo: leche, quesos, banana, pescado, pollo, huevos, verduras, nueces, mix de semillas, legumbres, maní germen de trigo.

Sin embargo, el cerebro solo puede absorber triptófano cuando se combina con carbohidratos, que son convertidos en azúcar en el intestino. Por ende se recomienda que los cereales y derivados escogidos sean preferentemente integrales, para favorecer a la calidad de la elección. Algunas opciones:

* Leche + granola + banana.

* Pescado/pollo + ensalada de arroz integral con huevo.

* Ensalada de hojas verdes + mix de frutos secos y semillas+ lentejas.

Lic. Estefania Ferrarello MP 2407

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