El 21 de agosto de 2010, Hugo Guerrero Marthineitz falleció en Buenos Aires debido a un paro cardíaco. El profesional que cambió la radio, ganó fortunas y marcó a más de una generación de oyentes, vivió el ocaso en los últimos meses de su vida, con problemas económicos y distanciado de sus hijos.

Nació el 11 de agosto de 1924 en Lima, la capital peruana, bajo el nombre de Hugo Tomás Tiburcio Adelmar Guerrero de Ávila Marthineitz, hijo de una modista y de un mayordomo y mecánico de automóviles, Hugo se la rebuscó como canillita y lustrador de muebles, hasta que ingresó en Radio Miraflores. Según publica Infobae, empezó como "che pibe", redactó cables y fue operador hasta que le llegó la posibilidad de ser locutor comercial y su voz se oyó por primera vez en el éter.

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Apenas cumplidos los 20 años, ya era una estrella en la radiofonía peruana y viajó a Chile, dispuesto a estudiar teatro experimental en la Universidad para adquirir más el manejo de su voz. Luego de un tiempo en Santiago, deambuló sin suerte por distintas emisoras. Así fue como se instaló en Montevideo, donde pronto se convirtió en la estrella de Radio Carve, hasta que en 1955 llegó una oferta de Buenos Aires.

De acuerdo con Infobae, lo convocaron para conducir en las mañanas de Radio Splendid El club de los discómanos, un espacio donde no tardó en mostrar sus credenciales y sus convicciones. Cautivó de inmediato con su español castizo, combinado con un tono algo seco que se podía cortar en cualquier momento con una carcajada, y una arrogancia apenas maquillada, que sabía manejar como nadie.

Su gran salto hacia la masividad lo dio en 1967, cuando lo contrataron de Radio Belgrano para hacer El show del minuto. El locutor, a quien se lo denominaba "El Peruano Parlanchín", impuso los silencios prolongados y los llamados de oyentes en vivo en la radio.

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En 1984, comenzó su ciclo televisivo "A solas", un programa de entrevistas que llegó para romper las estructuras. Entrevistado y entrevistador se alternaban los roles. "A mí Hugo Guerrero Marthineitz me hizo llorar en una entrevista ¡pero siempre con respeto! Te mostraba como ser humano, no como cosa"; contó Araceli González a Infobae de su experiencia como entrevistada. No había un hilo conductor, no había un cuestionario ordenado y metódico. Era la magia de la radio trasladada a la televisión, imponiéndose a pesar del formato y obteniendo un Martín Fierro en 1986.

De tres matrimonios distintos tuvo tres hijos: Diego Alonso, María Gabriela y Hugo. Pero sus romances fueron innumerables, primero con mujeres unos años menores y luego varias décadas más chicas.

Guerrero Marthineitz, quien solía leer en sus programas de radio cuentos de Ray Bradbury y otros de Robert Bloch, publicó los libros "De hastío, los gatos y los días", en 1976, y "Pasto de sueños", en 1996, entre otros.

Con el paso del tiempo, Hugo Guerrero Marthineitz fue quedando en el olvido. En 2007, reconoció en una entrevista que vivía en la pobreza y ofrecía charlas a domicilio para generar ingresos. Dos años después, trascendió la noticia del desalojo del departamento que ocupaba. Hacía dos años que no pagaba el alquiler. Los vecinos contaban que sobrevivía gracias a un pequeño subsidio del gobierno que le alcanzaba para menos que lo básico.

En una entrevista en Semanario, contó que había llegado a vivir en la calle. La noticia sacudió al medio y despertó la inquietud en algunos colegas como Chiche Gelblung y Mauro Viale que intentaron darle una mano. Ese fue su último paso por la radio, hasta que protagonizó un escándalo en mayo de este año a pocos metros de Radio Rivadavia, al reclamarle el pago de una supuesta deuda salarial.

Al poco tiempo entró a un neuropsiquiátrico del barrio de Belgrano por un cuadro de desnutrición. Allí vivió sus últimos tres meses, hasta que murió hace nueve años en el Hospital de Clínicas de la ciudad de Buenos Aires.

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