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Internacionales

Isabel II, la última estadista del Siglo XX: su reinado de 70 años

La reina Isabel II asumió al trono un 2 de junio de 1953. Estuvo casada con Felipe de Edimburgo, tuvo 4 hijos y durante su monarquía viajó por todo el mundo.

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8 de septiembre de 2022 - 18:26

Isabel Alejandra María Windsor ocupó el trono británico durante siete décadas, hasta esta tarde, cuando a las 14.30 de nuestro país la monarca falleció. Así lo informó la cuenta oficial de Twitter de la Familia Real.

La reina Isabel II asumió el trono de manera repentina, un 2 de junio de 1953. Fue cuando su padre, el rey Jorge VI, falleció inesperadamente en el país africano de Kenia, a manos de un atentado terrorista. Su coronación fue la primera en ser televisada, por lo que miles de británicos pudieron seguir la transmisión y el histórico momento.

Al momento de ser coronada, la reina ya estaba casada con Felipe de Mountbatten, príncipe de Grecia y Dinamarca, más conocido como Felipe de Edimburgo. Entre los dos tuvieron cuatro hijos; el más conocido es el príncipe Carlos, que con 73 años asumirá como nuevo Rey de Gran Bretaña. Pero también tuvieron a Ana, Andrés y Eduardo, todos con títulos de la nobleza.

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Mientras duró su reinado, Isabel II procuró preservar el carácter unificador de la Corona en el espacio político del antiguo imperio británico, convertido en la Commonwealth tras el proceso de descolonización iniciado en los años 60.

Es así que la monarca ostenta la característica de haber viajado alrededor del globo, mucho más que lo que hubiese hecho un sucesor suyo hasta entonces.

Incluso en Australia instauró la costumbre de los paseos más o menos espontáneos, para mezclarse y saludar sin protocolo a la gente de la calle. En otro orden de cosas, en 1960 dispuso que los miembros de la familia real que no fuesen príncipes o altezas reales llevasen el apellido Mountbatten-Windsor.

No obstante la popularidad y el respeto que le dispensaban sus súbditos, Isabel II no pudo evitar que los escándalos familiares denotasen la existencia de cierto anquilosamiento en las estructuras de la monarquía. En ese sentido, 1992 fue antes y un después, ya que se dieron a conocer públicamente desavenencias conyugales de sus hijos: el príncipe Andrés se separó de Sarah Ferguson, las tensiones entre Carlos de Inglaterra y la popular «Lady Di» (Diana de Gales) pasaron al dominio público, y se consumó el divorcio de la princesa Ana, separada tres años antes de Mark Phillips.

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Por si fuera poco, un incendio que causó cuantiosos daños materiales en el Palacio de Windsor, residencia de la reina, originó ese mismo año una agria polémica; el gobierno anunció precipitadamente que correría con los gastos de las reparaciones, sin tomar en cuenta ni el fabuloso patrimonio ni las exenciones fiscales de que disfrutaba la monarquía. El resultado de todo ello fue un fuerte descenso de la popularidad de la institución.

La crisis se recrudeció con el divorcio del príncipe Carlos (1996) y muy especialmente tras el fallecimiento en un accidente automovilístico (agosto de 1997) de su ex esposa, la princesa Diana de Gales, en quien el pueblo vio una víctima tanto del comportamiento adúltero del príncipe Carlos como de la insensibilidad de la familia real.

Las repercusiones que tales hechos tuvieron en la opinión pública indujeron a Isabel II a buscar nuevos caminos de acercamiento al pueblo, y dedicó desde entonces múltiples esfuerzos a ofrecer una imagen menos fría y protocolaria de la corona. Tal propósito se hizo explícito en la celebración de las bodas de oro de su matrimonio con el duque de Edimburgo (20 de noviembre de 1997): en un discurso pronunciado en el banquete ofrecido por el primer ministro con tal motivo, la reina prometió abrir la monarquía a los ciudadanos.

En este sentido cabe interpretar decisiones tan dispares como la de pagar impuestos sobre sus bienes e ingresos, dar un tono popular y familiar a las celebraciones de la corona o visitar a las víctimas de actos terroristas, gestos que dieron lentamente sus frutos hasta relegar al olvido los delicados años 90. Los pocos que la conocen (casi nunca ha concedido entrevistas) señalan el alto sentido del deber y el apego a la tradición como los principales rasgos de su carácter; es ordenada y práctica, gusta de los juegos de salón y de los rompecabezas, y siente pasión por los caballos y los perros.

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