Apenas un par de dirigentes reconocidos del Frente de Todos habían salido a fijar posición y confrontar, aun cuando del otro lado había una figura más que reconocida y con historia dentro del espacio.

Primero fue el diputado nacional Facundo Moyano. Poco después, el precandidato a jefe de Gobierno porteño y actual presidente de San Lorenzo, Matías Lammens. Ambos repudiaron con claridad el ataque de Aníbal Fernández a la gobernadora María Eugenia Vidal. Había dicho que prefería dejarle sus hijos al cuidado del femicida Ricardo Barreda antes que a la mandataria provincial.

Estos dichos, en plena campaña electoral, generaron revuelo y volvieron a exponer a la principal fuerza opositora, que viene quedando presa de algunas expresiones incómodas o por lo menos desafortunadas de sus principales dirigentes.

Ahora fue el precandidato a gobernador bonaerense, Axel Kicillof, el que no tuvo reparos en rechazar los dichos de Fernández, que es precandidato a concejal en Pinamar: “La comparación con un femicida me resultó penosa”, aseguró en declaraciones a Radio 10.

El ex ministro de Economía dijo en en esa entrevista que rechaza cualquier tipo de campaña que involucre agresiones. “No es mi forma de hacer política”.

Tampoco la gobernadora se prestó al juego. El viernes último, cuando estuvo en Mar del Plata, dijo que escuchó lo que dijo Aníbal Fernández pero que no la inquietaban. “Lo que dijo habla mucho más de quien lo dijo que de mí”, insistió.

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